Yo la tengo más oprimida que vos

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No puedo ni recomiendo a ninguna otra mujer andar ahora buscando casos de a uno. Pero así antes de tomarme un café y pensar se me ocurren un par de ejemplos útiles.

Hay 40 tipas de acá, de esta aldea tranquila y pacífica, que no estuvieron en “mejor situación” que nadie en 2015. Cuando tu ex te tira nafta encima, te teletransporta. No estás más en Uruguay. No sos más una mujer independiente. No existe tu título universitario, no existe el poema que escribiste, no existe lo que te dijo la maestra ni el clip del #niunamenos que pasaron en la tele. Estás en Afganistán, en Colombia, en Juárez, en un ómnibus en India. Estás rodeada de tiza.

A mí, por ejemplo. la primera vez que un noviete casi me mata (así de forma directa, la única, porque después de eso solo me llevé algún que otro bifecito, pero nada como para dar lástima en Juárez) fue en el Bowling de Carrasco, y fue otro Carrasquense, como yo era entonces, el que me levantó del piso agarrándome del cuello y dándome contra la pared. Éramos todOs chicOs bien.

A eso de los 4 añitos o un poco menos aprendí en una gran casona del centro de Carrasco que cuando tu marido te pega y en el forcejeo te rompe la ropa, lo que podés hacer para al menos aprovechar un poco es cortar el camisón que te rompió en cuadraditos y dejárselos en el cajoncito de la cocina así la empleada (que a veces defiende demasiado al marido con lo que da para sospechar que capaz el tipo también la tiene abajo de la pata porque se nota que es un tarado y ella lo defiende tanto igual) los puede usar para lustrar algún mueble. Otras lo que hacían era vivir en el gimnasio y adentro de una copa con una aceitunita para pasar la temporada de Juaridad legal y cristiana que es el matrimonio lo más groggy posible.

Pero no me gusta hacer estas explicaciones porque es estúpidamente evidente que no es lo mismo ser una chica bien que una nena pobre de 14 años que va al almacén en Juárez y un día en una esquina cualquiera la levantan unos turros que la encierran y torturan con saña mientras la filman (luego capaz la matan y capaz la filman otra vez porque mercado -lindo el capitalismo feminista- compra todo y cuanto más desagradable mejor) para venderle el video a unos japoneses (chetos) que cada tanto le dan a alguna japonesita que tengan a mano, o capaz lo pasan de fondo en algún burdel improvisado que en realidad es cárcel y los puteros que van todos los días lo saben porque ven y tocan y huelen y muerden y escupen los machucones que las mujeres semimuertas de ojos grises y opacos que miran como se mira un chocolate en una góndola del super tienen encima, que les dejaron o los capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo – de Uruguay o de Argentina o Ucrania o Paraguay donde las levantaron secuestradas o todas rotas, para venderlas a otros capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo- en Italia o Berlín, donde quizás los primeros dos meses mas o menos se esmeren en tratar de pedirle ayuda a sus violadores diarios, clientes capitalistas que las liberan dándoles plata por hundirles la pija en la tráquea y después ya no porque igual qué importa.

No. yo estoy sentada en mi casa, con un pote de yogur con cereales al costado. En la trincherita posmo de la interné. Ya sé eso. Pero alguien mucho más tonto que el señor o señora con mente de pene que me hace no preguntas en facebook puede darse cuenta rápidamente que no es concebible que el capitalismo se vuelva feminista. No existe. El capitalismo es suicida, sí, pero por otros motivos. Suicida así, no. El capitalismo como hizo desde que nació hace 15 minutos, no hace otra cosa que buscar más formas de acumular y “ganar”. Juegos del Hambre pero de verdad. Con las mujeres ya las ha cumplido casi todas porque como leemos en los diarios de hoy y de ayer y de la semana que viene, nos tiene como consumidoras Y como mercancías y como bolsa negra y como estadística.  Las esclavas más esclavizadas del capitalismo que puedan existir. También somos las esclavas más esclavizadas del anticapitalismo, porque seguimos siendo, con “cumbia, copeteo y lágrimas” o con Vodka y Prozac, las proletarias de los proletarios.

En las Olimpíadas de la Opresión, perdés siempre. No juegues.

 

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