24 horas

Ayer estuvo medio fulero en la trincherita posmo de la interné. Me pasó un poco como Sendic: medio la cago y medio me odian. (si no sos de Uruguay, GIYF porque a las de acá ya nos tiene repasadas el temita)
La parte del “la cago” es larga porque llevo 38 añitos bien moviditos de este lado del Más Acá y el que tiene boca, se equivoca, como dicen las viejas. La parte del “me odian” es como inexplicablemente enorme para el grado de inofensividad que represento, pero ya ves que así somos, patoteros, crucificadores, injustos. Pero como toda pérdida libera, dicen, y todas las patadas en el orto al menos empujan pa’lante, también esta mierda tiene su lado bueno. Sirve para priorizar y para tomar coraje.

 

Sí, soy una feminista rabiosa pero no soy el Dalai Lama ni vengo de Krypton e hice (y alguna a veces todavía hago) muchas de las cosas que digo que las mujeres hacemos aunque no nos convienen y que nos vendría súper bien no hacer más o empezar a desaprender. Ser feminista me sirve justamente para curarme, y si me habrá curado, que ayer, en medio de la hoguera, me di cuenta que cuando la gente habla de la felicidad, habla de lo que tengo yo en casa.

 

Si me habrá curado el feminismo, si me habrán curado las feministas radicales, abolicionistas, lesbianas (las que leí de lejos y las que abrazo de cerca, en medio de todo el circo y propaganda, papelitos!coreo!divinas!) que después de media vida de guasca y llanto y promesas (no lo digo como algo bueno, las promesas rotas no son lindas) y locura y maltrato y mentiras (enormes, mentiras que no podés creer que un tipo diga solamente para ponerla un rato, a modo de ejemplo te digo: uno me hizo creer que tenía cáncer durante un año), una mujer tan rara, tan insoportablemente bocotas que al mismo tiempo tiene la vergüenza de un pibe al que le presentan seis tías gordas que le preguntan si tiene novia y si quiere más a mamá que a papá, para las cosas más tontas, más fáciles, más “normales” de la vida, (hablar con vendedores en tiendas u empleados en oficinas – hablo bajito, nunca me oyen-, reclamar que algo que me vendieron está mal, contestar a un elogio, ir al médico, dar un examen oral aunque sepa el programa de memoria, leer una puteada que alguien que no me conoce me dedica desde el altillo de la casa de su vieja a kilómetros de mí), una tipa tan chiquitita cuando se asusta y tan desmedida todo el tiempo que cómo alguien va a suponer que adentro de todo ese volcán hay este osogommi, una mujer tan incapaz de saber cuándo no puede más, tan desconfiada y tan ilusa todo junto, alguien tan rota como yo, tan la cita esa de frida kahlo, tan remendada, tan autoremendada con emparches, después de tanto todo y tantos tanto, siga parada acá, latiendo y pensando y haciendo y cambiando y conociendo tantas cosas y entendiendo cada vez más cosas y por primera vez lo que quiere decir la gente cuando habla de la felicidad y del amor.

 

Yo creía que eran los chispazos esos, las polaroids que sacás de micromomentos donde te parece que entendés todo y que todo es amor. Los Instantecitos. Y que si juntás muchos instantecitos, sos más feliz que la gente que tiene menos instantecitos. Y aunque no lograba conciliarlo con la idea “infantil” según me han dicho, de “Hollywood”, que se nota que tenía del amor (y que era probable porque yo también vi las de princesas y Pretty Woman, esos infames instrumentos de control mediante los cuales nos convencen de que amor es comprarte y no conocerte pero “saber” que sos suya y que ser de otra gente es amor), no podía no saber que amor también era poner el cuerpo y poner la vida y poner el alma en ese altarcito de mierda que capaz más que altar era vidriera. O capaz guillotina.

Porque atrás de la adoración y el enamoramiento encandilado de los hombres que me conocieron y les dio por esa de encandilarse, atrás del altarcito, más de uno tenía un dungeon de sadomasoamor lleno de aparatitos que cuando te tocan, te sangran. Ni siquiera estoy hablando de los que no me quisieron. Porque bueno, ahora que tengo una vara más propia, más justa, más linda para medir, ahora que sé que del otro lado del amor no hay ni un tribunal de cuentas ni una mesa de examen ni una factura a pagar en cuotas de usura, entiendo que amor era otra cosa y que es posible para mí, y que no es ni un chantaje ni un favor y que era verdad que podía ser libre, o más libre dentro de la(s) jaula(s) grande(s) que compartimos.

Y entre la cantidad enorme de cosas que me dio el feminismo, (porque nosotras decimos que luchamos por la liberación de todas las mujeres y en “todas las mujeres” entramos nosotras, porque esta lucha no es un sacrificio de un par de iluminadas por mujeres abstractas como de estadística de documento de política pública, sino una lucha por cada una de nosotras y que pasa en cada una de nosotras, bien adentro de nuestras mentes y bien clarito en nuestros cuerpos), está el aprendizaje de que sí, muchísima gente no me va a entender, no me va a cuidar, no me va a querer, y eso ni me inhabilita  ni debería doler tanto, porque tengo todo el derecho del mundo a tener una opinión, a revisarla, a mejorarla, a discriminarla entre otras opiniones que no me sirven, sin lealtades de cartón y sin concesiones.

 

Sin culpas, que nada mejor para contrarrestar los efectos de la droga dura dios, de la droga dura familia, de la droga dura Patriarcado, que el Feminismo. Voy a decir cosas que no le van a gustar a mucha gente. Y en lugar de responder a lo que digo, van a responder a lo que soy. Van a hablar de con quién me acuesto, de si mi tono es demasiado cínico, de si debería ser más amable y tolerante, de todo lo que dice mi prontuario, y yo me voy a tentar a contestar, a mostrar que es mentira lo que dicen para herirnos y callarnos, a defenderme. Pero estoy aprendiendo que no vale la pena. Y que tengo derecho a desafiliarme de las crucifixiones del Régimen del Feminismo de la Aceptabilidad. No tengo por qué esperar aterrada a que aprueben o desaprueben lo que digo. Yo no escribo para todo el mundo. Ya no escribo para machistas ilustrados y #HoeniriasLasFurias. Ya no escribo para Feministas Splenda de la Igualdad Empoderante.  Yo escribo para mí, y para alguna otra persona más extraña del mundo que anda seguramente por ahí, no para los Inquisidores. No soy un 24horas, no soy una carmelita descalza, no es un apostolado, no es un deber.

 

Ayer entendí eso. Me enseñaron eso. A prepo, como me han enseñado TODO lo que no aprendí de las feministas que respeto. No, decir que sos feminista no te hará feminista. El feministómetro, sí, cómo no, siempre llevo uno encima -sin culpas-  porque está lleno de chantas y también de mujeres con muy buena intención que han intentado informarse y aprender y han tenido la desgracia de leer primero a las personas que desvirtúan la lucha feminista en pos de famita y buena conciencia y lamento mucho que les guste decir que es soberbia pero no lo es.

 

El feminismo es un camino de ida, pero puede ser tranquilamente un camino de ida a la misma mierda si empezamos a hacer de cuenta que todo da lo mismo. Ponerle rosado a un cartel no lo hace feminista. Hacer un monólogo de humor donde hablás de lo lindo que sería tener una pija para juguetear con ella no te hace feminista. (por gratitud, por sororidad, por timidez, no se lo dije en su momento a una mujer que tuvo un muy lindo gesto conmigo, pero alguien que no tiene ni gratitud ni sororidad, se lo dijo en medio de un enchastre anti-todo, y la mujer del lindo gesto que tiene buena voluntad y quiere ser feminista, pero a veces le sale más o menos, se sintió tan herida que en vez de pensar si no será verdad que capaz hay que revisar un poco la idea que tenemos de feminismo, sumó unos tronquitos a aquello que a esa altura ya era full Juana de Arco). Atacar feministas por cosas que otros tipos les han hecho no te hace feminista.

 

Y yo voy a reservarme el derecho de decirlo cada vez que se me dé la gana, que para eso TAMBIÉN está el feminismo. Para poder abrir la boca. Sabiendo, ahora que me lo enseñaron ayer, que cada vez que abrimos la boca, si no decimos “ay pero qué rico todo”, nos van a querer dar un cachetazo, los machistas y sobre todo sus colaboracionistas ( que por algún motivo, se sobre esmeran a la hora de quemar mujeres). Será así entonces. Siempre es mejor sabe que no saber.

 

Si no puedo hablar, no es mi revolución.

La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

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Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

vivafeminismo1936