14. La misoginia de la Izquierda

La Chela, Chicos. Ya lo hablamos.

Maldita RadFem

La mayoría de nosotros piensa en la Izquierda como el lado del espectro político más amigable con las mujeres. Sin embargo, como ha sido documentado en las páginas anteriores de este blog, a muchos partidarios de izquierda la biología de la mujer es tan asquerosa que literalmente no deberíamos hablar de ella. “Ser hembra” es la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] que la izquierda no ve como definible/importante, ya que eso “reduciría” nuestra humanidad. “Ser hembra” es también la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] respecto de la cual la izquierda piensa que puede y debe ser re-definida por las fantasías de nuestra clase opresora.

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No te van a querer.

El único feminismo que les va a gustar es el que diga que el feminismo no existe y/o que no es necesario porque o es una cuestión “que no tiene género (ojo, el feminismo tampoco tiene género porque el género no existe)”, o ya está superado porque “esas cosas pasaban antes” o incluso que el patriarcado no existe, o existe exclusivamente en “la mente” de algunas personas, que pueden más o menos a voluntad “liberarse” de él.

Remember what I told you,
if they hated me they will hate you.
Sinéad O’Connor. Black Boys on Mopeds.
Ahora te dicen que las sufragistas son las feministas “nobles y respetables” y que el feminismo radical “de ahora” se fue al carajo, feminazis de mierda que nos van a castrar al nacer. Pero mirá que a las sufragistas también las odiaron todo lo que pudieron. No te confundas, el que te dice que hay un feminismo aceptable pero que lo que vos hacés es pasarse de rosca, te lo diría aunque estés pidiendo permiso en puntitas de pie para que por favor si pueden cagarnos un poco menos a trompadas no mucho pero capaz un poco menos gracias gracias. No las querían. No las quisieron. Las desacreditaron, como a vos, les tomaron el pelo, como a vos, les dieron bastante palo, como probablemente te den si dejás las puntitas de pie, las alimentaron a la fuerza, las metieron en cana. Decían que darles el voto era darle entrada al Apocalipsis. Que empezaba con eso el fin del mundo, la tragedia para los hombres, la aniquilación de la vida. Como ahora cuando decís que querés voto pero no piropo o algún otro aberrante reclamo feminista que hace peligrar el equilibrio del universo. 
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El único feminismo que les va a gustar es el que diga que el feminismo no existe y/o que no es necesario porque o es una cuestión “que no tiene género (ojo, el feminismo tampoco tiene género porque el género no existe)”, o ya está superado porque “esas cosas pasaban antes” o incluso que el patriarcado no existe, o existe exclusivamente en “la mente” de algunas personas, que pueden más o menos a voluntad “liberarse” de él.
 
Si tu feminismo dice que vivimos en un sistema que oprime estructural e individualmente a las mujeres en todos los aspectos de sus vidas, tanto públicos como privados, tanto personales como políticos, y muy especialmente en aspectos relacionados a la sexualidad y las instituciones relacionadas con “la familia”, en particular con la maternidad, y si tu feminismo dice que eso no obedece a lo que se conoce como “la Naturaleza” ni a designio o diseño divino alguno,  sino que se trata de una construcción, y que no es una manera aceptable ni digna ni justa de vivir y si además tu feminismo dice que esta situación de opresión está absolutamente desenfrenada en un mundo donde el mapa de la despreciable industria sexual que es uno de los tres negocios que mueve más dinero en el planeta no deja país sin cubrir y donde el mapa de las muertas, traficadas, prostituidas, golpeadas, violadas, pornificadas, sacrificadas y todos los etcéteras no deja rasgo fisonómico, franja etaria, índice de masa corporal, nivel educativo, clase social ni zona horaria sin cubrir, y que por lo tanto, el asunto debe tratarse con la urgencia y el respeto que merece, y si tu feminismo dice que es absolutamente prioritario que las mujeres, las hembras humanas especialmente afectadas por este sistema puedan organizarse para luchar por su liberación y también por la transformación más amplia de este sistema, este heteropatriarcado capitalista, en cuya creación y sostén desde el poder han participado casi exclusivamente varones, porque son quienes lo han ejercido casi exclusivamente desde hace varios miles de años, al punto de que las presencias femeninas en toda área de la vida académica, científica, política, etc se pueden reducir a pocas anécdotas tan inspiradoras como engañosas, y al punto de que en casi cualquier país de este mundo que compartimos con los varones a quienes damos la vida y la teta y la vida, el lugar más peligroso para la supervivencia de una mujer es su lecho matrimonial, o al punto en que todos los días varios millones de varones les hacen, al rayo de sol y en sótanos sórdidos, cosas innombrables a millones de mujeres y niñas y mujeres que eran niñas pero bien chiquitas las hicieron mujeres, así que de niñas les queda solo el tamaño, poniendo plata o poniendo un anillo o poniendo la sotana o poniendo la túnica o poniendo la fuerza nomás, es decir si tu feminismo no concibe una forma de organización social que avale y que descanse sobre ninguna opresión, y sostiene que en la raíz de todas las desigualdades atroces con las que convivimos quienes vivimos y quienes malvivimos está la desigualdad entre varones y mujeres, tampoco te van a querer.
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Si tu feminismo, a pesar de las ganas de no morir lapidado bastante más literalmente que cuando los neomachistas hablan de la inminente inquisición feminazi, no tiene más remedio que analizar las relaciones entre los varones y las mujeres en el marco de la opresión patriarcal, aunque más no sea porque está ahí en tu cara y te rompe los ojos y no podés hacerte la tarada solo con la esperanza remotísima de que JUSTO a vos no te pase lo que sabés desde casi antes de nacer que pasa en todas partes, y entonces, sean como sean  los varones de tu vida particular o personal, (o como en cada momento te va pareciendo que son, porque cuanto más se estudia algo, más se conoce), los quieras muchísimo, poquito o nada, no podés eliminar de tu análisis y práctica política y personal el dato de que el hecho de ser varón o ser mujer no es un dato que pueda obviarse para nada, nunca, porque se trata de una clase, categoría, grupo, casta que o bien es la opresora o bien es la oprimida y nunca es lo mismo ser el parabrisas que el mosquito. Y por eso no te van a querer.
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Porque tu feminismo te va a obligar a decir que los hombres matan y violan, sobre todo mujeres y sobre todo mujeres cercanas a ellos y sin viceversa, porque las mujeres abandonadas son caricaturizadas como criaturas desbocadas del averno, pero estadísticamente no son las que rocían con nafta a sus maridos después de sacarles los ojos,  ni las que pagan por acabarles en la cara hinchada, machucada y brillosa de tanto sudor y saliva y mugre encima mientras les gritan sucia puta de mierda a los varones. las salvajes, las peligrosas, las terribles son el bando de las que aparecen en bolsas negras. ¿no te da miedo pensar cómo es el bando de los que ponen a las malvadas, a las peores y a las putas de mierda en bolsas de consorcio? ¿no es obvio que el grupo peligroso es más bien el que tiene entre sus filas al 98% de las personas que perpetran una violación sexual? (no dice lo que no dice, eh? porque nunca falta un engendro que aprovecha acá mismo a dar grititos porque dice que ahí dice que todos los tipos violan gente, yo no digo eso porque en este momento no estoy hablando de eso) ¿al menos un poco más peligroso que el que contiene al 90% de las víctimas de violación sexual, es decir no de las personas que forzaron su entrada en el cuerpo de otro ser que no lo deseaba, sino de las otras? ¿un poco más peligroso el respetable contador católico que al mediodía se pega una escapada a un privado y le da un poco de masa a una chica que parece que tuviera 15 y capaz los tiene y que parece no ser de acá ni querer estar ahí recibiéndolo por un par de pesos que él le da al proxeneta que también cada tanto le da un poco, para irla domando que la chica prostituida?   sí, claro. da pila de miedo. por eso lo más terrible que podés hacer es empezar a mirarlos a ellos. sobre todo a los que tenés más cerca.
Te dicen que la lucha por los derechos de las mujeres es justa si no se te va la moto, pero vos sabés que van a decretar que la moto se te fue ante cualquier movimiento, acción, idea o planteo tendiente a que las mujeres, en tanto grupo oprimido, puedan organizarse para luchar por su liberación, sin la cual no es posible siquiera imaginar la igualdad ni la equidad ni la fraternidad ni ninguna otra palabra respetable y honorable bordada en banderas heroicas. Perdé cuidado que tu feminismo va a ser de esos “que avergüenzan a las verdaderas feministas” a las que, creéme, también odiaban.
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no hay remate

hoy, 3 de junio, sí, #NiUnaMenos, qué bien, en fin, en una nueva (?) discusión de gente asustada porque la nueva agenda de derechos impulsada por Rockefeller, fabiana goyeneche y emaguátson logró imponer alguna medida o pedido de medida o mínima accioncita testimonial y casi costo cero que igual no sirve de mucho así que bien podríamos haber seguido como si nada, del mismo modo que no saltamos a gritar cada vez que vemos que bajan 10 tipos de una camioneta en una avenida a plantar cuatrocientas macetitas de mierda con unos plantines que duran dos semanas así que a las dos semanas zas, tienen que ir otra vez en lugar de comprar alguna planta que dure un poco y capaz hasta que sirva para algo en vez de esa porquería que solo se explica si resultara que el vivero donde compran los plantines es del hermano de alguien que cumple funciones en alguna parte, y no salimos a gritar porque ya sabemos que convivimos en un lugar de mucho maquillaje y de mucho remiendo y lo atamo con alambre y medidas con buena intención capaz pero mucha torpeza y eso PERO esto es diferente y esta vez no podemos seguir como si nada porque la medidita menor de la semana definitivamente evidencia que la Cheka de la corrección política va a conquistar el mundo, robarse los bebés y confiscar el whisky del planeta y cómo vamos a hacer sin nuestras putas me querés decir y en cualquier momento nos sacan las bolsas negras y dónde las vamos a tirar cuando les metamos catorce puñaladas porque estábamos tristes y enceguecidos de celos y amor, que al fin y al cabo son caras de lo mismo, leí a uno que preguntó dónde quedaba su derecho a ser facho, machista y reaccionario.
no hay remate.
es así.
y esos son los buenos. son los que tocan en las bandas que te gustan, los que escriben en los diarios que te gustan. no son los giles. no son los malos.
los tipos piensan que tienen derecho a pensar que somos basura.
ya no es que piensan que tienen razón y que somos basura o ya no importa, así que hay que dejar de intentar mostrarles que no somos basura, que somos gente, que en serio, si se ponen un poco las pilas con eso de la empatía van a ver que tá, que no somos tan horribles, porque no da que nos maten y eso. no importa.
piensan que es un derecho odiarnos.
piensan que hay un derecho a ser facho, machista y reaccionario.
así de corta.
¿sabés como suena adentro de la cabeza de ellos?
así.
“yo tengo derecho a pensar que sos inferior porque sos mujer”.
eso tienen en la cabeza.
no hay remate.
 
machismo es eso.
pretender que no lo hagan, que dejen de pensar que tienen derecho a detestarnos, o que si están decididos a hacerlo, al menos se alejen de nosotras y se nos hagan cada vez menos necesarios, o que nos dejen dejarlos parece bastante, bastante ingenuo.
 
desafiliate antes que te mate.

La Sororidad y la Hoguera

Hace unos días me puse a pensar en qué era bien esto de la sororidad. Ríos de tinta, ya sé. Un montón de Feministas Profesionales y Respetables deben haber escrito mucho sobre eso, y seguramente todas o casi todas las leímos, pero a mí me seguía pareciendo oscuro, indefinido, fluctuante. Pensé esto:

Opino que nosotras tenemos que empezar a entender que no tenemos que ser amigas y siempre sonreírnos y estar de acuerdo. Esa es una mentira que nos ha sido impuesta tanto como el imposible santa/puta o el príncipe azul. No somos un fracaso si no nos invitamos a pijama parties y nos pintamos las uñas de violeta y cantamos karaoke. No somos las caricaturas macabras y deformes de nosotras que aparecen en la tele diciéndonos que así somos y así debemos ser, no nos llevamos una canasta de emparedados cuando alguien se muda a nuestra cuadra, no somos porristas. Somos mujeres muy diferentes y estamos, porque desde que nacimos somos puestas en un encierro, encerradas. No sé si todas el mismo encierro, pero todas encerradas. Estamos intentando desencerrarnos, abrir un poco, porque acá no se puede respirar y no se puede vivir. Hace tanto que estamos intentando desencerrarnos y es tan difícil, que a veces nos parece que estamos encerradas desde siempre. En mi opinión es importante que recordemos que no es desde siempre, porque corremos el riesgo de comer dios con eso de que si algo es desde siempre por algo es que es, entonces capaz salimos por desvíos complicados como que el sistema que oprime a una clase o grupo o categoría o lo que sea que seamos que a veces ni eso sabemos porque nos están enloqueciendo desde hace tanto que parece que fuera desde siempre, es “natural” o un destino o el plan perfecto de una entidad superior o maldades por el estilo. así que no es desde siempre, pero es desde hace bastante, lo suficiente como para que nos hayamos dado cuenta o nos estemos dando cuenta que no es un buen plan, es decir, que nos es imprescindible o al menos nos vendría bastante bien que pudierámos hacerlo un poco mierda, y al menos hacer todo lo posible para no colaborar, es decir, desafiliarnos todo lo que podamos.

Entre las cosas en las que quizás sería bueno que nos esforzáramos en no colaborar con nuestro verdugo, 9 de cada 10 feministas respetables incluirían la sororidad o algún concepto similar. Y parece muy obvio y bastante inteligente. Pero el problema sigue estando en cómo transitamos la línea que parece ser muy delgada entre ser sororas y ser nenitas lindas que no se animan y la línea igualmente delgada entre ser seguras de nosotras mismas y zafar de la caricatura y reproducir las violencias que condenamos y que nos unen. Porque, de nuevo, sin perjuicio de que podamos construir relaciones de afinidad, relaciones amorosas, relaciones de lo que sea entre nosotras, lo que tenemos en común no es una cosa alegre. Es una condición de opresión, nos une una violencia. Qué podemos llegar a hacer con eso, qué han hecho otras con eso, son dos pesos aparte. Pero venimos así. No es una cosa fácil oponerse a algo que está en todas partes y tiene casi todo.

En esa situación desventajosa, me parece que sin dejarse escupir en la boca si a una no le gusta que le escupan en la boca, tendríamos que intentar concentrarnos en que nos une la pertenencia a un grupo oprimido y que sería más seguro no dejar de identificar como enemigo al grupo opresor. No estoy diciendo que el colaboracionismo no sea de las cosas más despreciables que se pueda ser, estoy diciendo que mientras alguien te tiene desde hace 6 mil años con la cara aplastada entre una baldosa helada de un lado y la tierra pegoteada en la goma de su bota del otro, quizás no sería una buena idea que dedicáramos nuestras últimas, o al menos nuestras poquitas fuerzas a pegar grititos porque una que parece que cree, o que está, nomás, un poco más cómoda que nosotras, no nos convidó de su merienda en el recreo. No digo confiar en gente en la que no podés confiar porque te estarías regalando y sería muy tonto porque entonces qué hacés, digo concentrarse menos en ellas. Me parece que capaz nos ofende o nos parece que tendrían que ser menos desgraciadas y nos ponemos borde. No es lindo el colaboracionismo, no. Da bronca. Obvio. Pero la colaboracionista colabora con OTRA gente, con OTRA cosa y el problema raíz es ese. Íbamos a la raíz nosotras. Dijimos.

Hay que mezclarse menos, curarse un poco de que tenemos que ser todas mejores amigas e ir juntitas al baño dando saltitos como idiotas, asumir que somos gente y que ni nos vamos a querer todas, ni tendríamos por qué, porque no somos una raza especial que destila cariño, ternura especial y aura de maternidades arrullos y sana sana. tenemos derecho a caernos mal también, no se cae el mundo y no le debemos sonrisitas y ademanes de cortesías a nadie, ni a los tipos, por supuesto, eso por encima de todo, porque es parte constitutiva del encierro seismilañero, ni a las mujeres. Y menos a las colaboracionistas. Mimitos no, pero tampoco hoguera.

 

Capaz ardemos o somos hechas arder. Pero nosotras no quemamos mujeres. La sororidad de mínima es eso. Nosotras prender antorchas, no. Todo lo demás, lo vamos viendo. Me parece.

 

Pocos días después, aparecieron -con dos o tres días de diferencia- tres campañas de denuncia de abuso a tres mujeres, lesbianas, feministas radicales y abolicionistas con quienes comparto espacios virtuales hace unos años.Mujeres que “conozco”, en la medida en que se puede conocer a alguien acá en la Trincherita Posmo de la Interné. Y, como el tornado que destruyó una ciudad en 5 minutos, en un instante pasó y se llevó todo. O casi todo. Y hoy, pensando mucho en todo esto, pensando mucho en lo que dejó el tornado y en lo que se llevó, me topo con eso de la sororidad que había escrito hace unos días.

 

Aturdida, leyendo comentarios y mensajes pero oyendo un zumbido. Mareada y en shock, solo puedo decir esto, y si me toca fuego, al menos ya lo conozco, metafórico y literal.

 

Pienso lo frágil de los acuerdos y afectos y confianzas en esta era pos-todo porque yo creo que todo lo que ha pasado en los últimos días contrastado con este texto no tiene nada que ver ¿,no?

 

Pienso y me pregunto cómo en el fondo -y en el frente y en todos lados – estamos esperando una excusa para prendernos fuego. Nos sirve cualquiera. Nos creemos intocables, perfectas, intachables. Nos declaramos aliadas, amigas, compañeras, hay quien dice hermanas y todo HASTA que algo no nos guste y olvidate del beneficio de la duda, olvidate de la piedad que nos debemos porque sabemos lo rotas que estamos, olvidate de lo que nos une. De golpe lo único que importa es que hubo un disenso, una falla, una “impura” y a purgar.

 

Y ni siquiera se aplica a las acciones exclusivamente. Condenamos por duda, por velocidad de reacción, por silencio. Capaz alguien no dijo lo que nosotras esperamos que dijera (no le decimos nada, no hablamos, tiramos todo porque lo único que importa es marcar nuestra moral superior, pensamos YO NUNCA HUBIERA HECHO lo que hizo Fulana (o lo que dicen que hizo fulana, me sirve igual porque a alguien tengo que quemar y mejor Fulana que yo) ) y así nomás, sin dudar un segundo, la ponemos del otro lado de un alambrado que no existe.

 

Debe ser que yo aprendí hace rato que hasta la más Heidi de la montaña puede ser una basura y que hasta la más Reina de la Belleza y la Perfección tiene -o puede tener – muertos en los placares. Porque somos gente. Cuando digo que no somos unas putas y que no somos unas santas, yo al menos, lo digo en serio. con todo lo que eso implica.

 

Con todo lo que eso implica.

 

Con lo implacable y con lo ingenuo, porque yo sé que suena ingenuo. Mujeres que nunca nos vimos la cara. Que vivimos en países diferentes. Que capaz vivimos en el mismo país pero nuestras vidas son tan diferentes que daría lo mismo si estuviéramos en planetas diferentes. ¿Cuántas veces una feminista profesional me ha llamado y me ha tenido colgada una hora al teléfono contándome sus problemas livianitos y simplísimos mientras yo pienso cómo pago las cuentas, cómo paro de llorar, si vale la pena vivir o no? ¿Cuántas veces he pensado que somos de galaxias diferentes? ¿Qué carajo podremos tener en común todas, tan diferentes?

 

¿Es ingenuo suponer que nos conocemos, que nos respetamos, que -ponele-nos queremos? Y un poco sí. Desgraciadamente sí. Pero hacemos esa “suspensión del descreimiento” como cuando vamos al cine y sabemos que la persona es un actor pero “hacemos de cuenta” que creemos que es un asesino. Vos dirás “bueno, pero todo tiene un límite” y yo diré “claro, pero cuál es?”

 

¿Cuál es el límite de mi respeto por cualquiera de las mujeres de acá? ¿Cuál debería ser mi límite? ¿Estoy siendo muy “buena” de más con unas y muy mala con otras (en este caso con las mujeres que aliadas a machos y trans y mujeres misóginas colaboracionistas promotoras del proxenetismo -no se puede ser ingenuas en esto, está pasando ahora- ponen fotos con nombre y en el caso de una de ellas fotos desnuda y comparten entre la gente que TODOS los días se dedica a insultarnos, descalificarnos y a las que están en el mismo lugar, agredirnos físicamente y amenazarnos en patota, en turba violenta de muerte) ?

 

¿Ante qué rumor o percepción o “me dijo algo que no me gusto” corresponde que la pase a la lista de “las malvadas”, las quemables (las mierda, digamos)? ¿Qué le debo a cualquiera de ustedes si mañana me llega un mensaje de que comieron bebés en una ceremonia satánica? ¿Nada? ¿Lealtad ciega? ¿Al revés, juicio sumario? ¿Una pregunta? ¿Algo?

¿Depende de qué? Vale más la nacionalidad? No sé. Vale más la cantidad de mensajes privados que compartí? No sé. Vale más “la vida real” (Es decir, le debo más confianza a la mujer que vi en persona alguna vez?) No sé. Vale más que me gusta cómo escribe? No sé.

 

Vale más el tema? Si es una denuncia de abuso sea contra quien sea, ¿tengo que prender la mecha? Porque a las víctimas se les cree porque eso es lo que dicen los machos cuando los acusamos, que hay denuncias falsas. Y nosotras decimos que no, que habrá alguna pero que en general cuando una mujer denuncia, es cierto.

Eso lo tenemos enmarcado en las denuncias de mujeres a varones. Y como también decimos a CADA RATO, todas, no, no es LO MISMO mujeres que varones. No es lo mismo denunciar a un tipo en cuya pija colgante descansan amenazantes seis mil años de poder que a una torta anarcovegana y abolicionista que mochilea sin un mango por América Latina. No es lo mismo el abuso implícito, enraizado, estructural entre un macho y una hembra humana que el episodio de violencia entre pares, por eso decimos que está mal hablar de “vínculo tóxico” en casos de la mal llamada “violencia doméstica”, porque no son “los dos”, porque hay una parte de “los dos” que es la bota y otra parte que es la cara aplastada por la bota contra el piso. No es “un tema de los dos” una relación violenta. Hay un responsable y es el agresor, el privilegiado, el macho violento. Pero no es igual el tipo que me quiso ahorcar a los 15 con la nena que me tiró arena en los ojos en el patio del recreo cuando estaba en el kinder. (quien quiera leer acá una apología de la violencia o una relativización de la misma no va a cambiar de opinión por que yo lo ruegue así que nada puedo hacer). ¿Cómo medimos y cómo juzgamos la violencia entre mujeres? Igual? “Igual, venga de donde venga”? Porque eso también nos dicen y eso también negamos. ¿Dónde está el criterio? ¿Quién lo fija?


Decimos que cuando una mujer denuncia, es cierto. Pero a veces no es. ¿Y ahí qué hacemos? Yo sé lo que es que te hagan una campaña (en mi caso virtual) de denuncia falsa. No me lo contó nadie. Un chica de California que hospedé en mi casa -sisterhood is powerful- dijo que yo abusaba psicológicamente de mi hija. Pasé meses durmiendo mal y comiendo peor y aterrada. ¿Cómo probás que una acusación es falsa SI ES FALSA?

Quien tenga una respuesta rápida y fácil para cualquiera de estas preguntas probablemente vaya a vivir esta desesperación cuando le toque porque si es así, nadie está exenta o viva demasiado cómoda en una ilusión de intachabilidad que la mayoría de nosotras acá en el barro desconocemos..

Hay que prenderlas fuego. Hay que avivar la hoguera. ¿Y si no la prendo, porque no quiero, porque no estoy segura, por que no me animo, por lo que sea, debe ser prendida conmigo también?

 

Y bueno. Que sea. Una sororidad de hoguera tampoco era un lugar muy hóspito.

 

Y ya que voy a arder por transitiva, aprovecho para agregar que así como no dejamos y con razón que los tipos opinen sobre las mujeres “malas”, sobre las que tiramos un bebé en un contenedor, sobre las que le partimos un ladrillo en la cabeza al tipo que nos cagó la vida, sobre las mujeres “que son peor que los varones”, también nos gusta pensar que somos todas iguales. Y no lo somos. No lo podemos decir mucho porque nos cachetean con la interseccionalidad y a los cinco minutos resulta que no existe el patriarcado porque todas nos cruzamos en opresoras y oprimidas. Pero no lo somos. Y el silencio y la invisibilización de las lesbianas, como pasó con las mujeres negras víctimas de abusos por sus machos y que se tragaron solas para no “desprestigiar” a la población afro, tiene este precio. Este precio es que no sabemos cómo manejar la violencia entre mujeres porque nunca dejamos que las mujeres que se relacionan con mujeres lo pudiéramos hablar, entre nosotras primero, sí, claro, como el derecho que tiene cualquier grupo oprimido a tratar sus asuntos en espacios seguros, y para afuera también. Porque nos fuimos barridas abajo de las alfombras. Hasta que sale algo así y entonces vamos a lo conocido que es la hoguera sumaria. (Esta reflexión parece fuera de tema pero no lo es, porque aunque en este caso hasta donde yo sé no se aplica, es cierto que tenemos muchas mujeres víctimas de abuso por parte de mujeres y que no hemos hecho nada con ellas más que revictimizarlas y esconderlas, es decir, más que seguirles dando palo).

 

Hay gente de ambos sexos que no tiene mucho corazón. Eso lo sé. Y hay gente que capaz se pasa de sensible. También lo sé. En el medio cada una está donde pueda. Y yo tengo (y tendré) mis pecados (a falta de una palabra mejor) y no lo digo livianamente PARA NADA -lo digo con la gravedad atroz que tiene- pero entre esta neblina y este fuego cruzado y locura como la escena del principio de Rescatando al Soldado Ryan -mírenla de nuevo porque estamos ahí-, en este sálvese quien pueda, yo prefiero errar por el lado de la piedad y por apegarme a la única regla que puedo imponerme en esto, sabiendo lo que sé (no sabiendo lo que no sé) que es yo no quemo mujeres.

 

Prefiero el silencio, prefiero la soledad, prefiero la injusta acusación de encubridora. Capaz porque puedo vivir con eso, fijate que desde que me conozco “soy” una puta una loca una yegua una conchuda. Puedo vivir con más odio (de mujeres) encima, lamentablemente. Porque en definitiva, es cosa de ellos (de ellas, acá creo que igual va el masculino “genérico”).

No puedo controlar el desprecio ajeno. Y no puedo (siempre intento y ya sé que no puedo) convencer ni probar ni nada porque cuando alguien decide que vas a la hoguera, no quiere pensar en otra cosa, quiere verte arder, (porque así somos, también).

 

Con el peso de ser yo la que las quema, no puedo.

No quiero. No me lo permite lo que yo digo que soy y lo que quiero ser. Y si no podemos controlar nada, al menos deberíamos poder controlar eso:nuestros “intolerables”.

 

Mi intolerable es pedir la cabeza de dos compañeras, una que jura ser inocente -repito: una COMPAÑERA (no un señor de la tele) que jura ser  INOCENTE de una acusación que -imaginate si te la hacen a vos- te hiela la sangre y una COMPAÑERA que admite y admitió en su momento que actuó mal, en una relación en que las dos mujeres jóvenes actuaron mal, LAS DOS (y no, no es como salen con que la VD es un vínculo tóxico de las dos partes porque ahi hablan de una parte que domina el mundo – el macho- y una parte que es un felpudo -la mujer- Acá son dos chicas, misma situación, misma edad, mismo todo, que se trataron horrible).

 

Mi intolerable es la hoguera.

Prefiero el silencio. Prefiero la soledad. Prefiero el exilio.

Con lo que tengo, con lo que puedo, es lo que “elijo”.

hermética

Yo ya sé que estoy rara  y ya sé que soy sola,

ya me lo escribieron y ya se fueron. 

“mujercita violín, muchacha espiga, bengalita y volcán, aunque me olvides jamás te olvidaré” 

entre otras

“una mina que se adueñaba de todas las luces de las esquinas se piantó de todas las palabras del verso fácil y con el tiempo empezó a transformarse en el significado mismo del signo mirada”

 

entre otros

 

muchas

ríos de tinta ácida invisible que se lee solamente si la quemás con una plancha hirviendo

ya fui escrita y ya leí entre las llagas lo que estoy y cómo soy según todos.

ya fui la francesa y el suspiro breve, ya grité que no me quiero morir y ya pasé los treinta años, la Guerra Que No Acabó Con Todas Las Guerras

-a veces me parece que hace más de treinta años-

y ya me aterró una luciérnaga y no sabía por qué

porque ya sé que estoy rara y  ya sé que soy sola, y  ya sé que “el to be bifurca” y que ya no sé si es ser o es estar.

Se me cambian los verbos, 

Se me trancan los dientes,

Se me sellan los labios

hermética

y empiezo a hablar

delirante

impecable

rigurosa

descontrolada

por las letras y no por la boca.

 

Entreveradas, aturdidas,

rabiosas y retorcidas,

un puntito un chino

son millones.

Brillantes, 

se disparan y rebotan ricochet

fire away fire away,

atomitos dando vueltas enredadas

insistentes imposibles

y no puedo

no puedo hoy con ellas

tampoco.

24 horas

Ayer estuvo medio fulero en la trincherita posmo de la interné. Me pasó un poco como Sendic: medio la cago y medio me odian. (si no sos de Uruguay, GIYF porque a las de acá ya nos tiene repasadas el temita)
La parte del “la cago” es larga porque llevo 38 añitos bien moviditos de este lado del Más Acá y el que tiene boca, se equivoca, como dicen las viejas. La parte del “me odian” es como inexplicablemente enorme para el grado de inofensividad que represento, pero ya ves que así somos, patoteros, crucificadores, injustos. Pero como toda pérdida libera, dicen, y todas las patadas en el orto al menos empujan pa’lante, también esta mierda tiene su lado bueno. Sirve para priorizar y para tomar coraje.

 

Sí, soy una feminista rabiosa pero no soy el Dalai Lama ni vengo de Krypton e hice (y alguna a veces todavía hago) muchas de las cosas que digo que las mujeres hacemos aunque no nos convienen y que nos vendría súper bien no hacer más o empezar a desaprender. Ser feminista me sirve justamente para curarme, y si me habrá curado, que ayer, en medio de la hoguera, me di cuenta que cuando la gente habla de la felicidad, habla de lo que tengo yo en casa.

 

Si me habrá curado el feminismo, si me habrán curado las feministas radicales, abolicionistas, lesbianas (las que leí de lejos y las que abrazo de cerca, en medio de todo el circo y propaganda, papelitos!coreo!divinas!) que después de media vida de guasca y llanto y promesas (no lo digo como algo bueno, las promesas rotas no son lindas) y locura y maltrato y mentiras (enormes, mentiras que no podés creer que un tipo diga solamente para ponerla un rato, a modo de ejemplo te digo: uno me hizo creer que tenía cáncer durante un año), una mujer tan rara, tan insoportablemente bocotas que al mismo tiempo tiene la vergüenza de un pibe al que le presentan seis tías gordas que le preguntan si tiene novia y si quiere más a mamá que a papá, para las cosas más tontas, más fáciles, más “normales” de la vida, (hablar con vendedores en tiendas u empleados en oficinas – hablo bajito, nunca me oyen-, reclamar que algo que me vendieron está mal, contestar a un elogio, ir al médico, dar un examen oral aunque sepa el programa de memoria, leer una puteada que alguien que no me conoce me dedica desde el altillo de la casa de su vieja a kilómetros de mí), una tipa tan chiquitita cuando se asusta y tan desmedida todo el tiempo que cómo alguien va a suponer que adentro de todo ese volcán hay este osogommi, una mujer tan incapaz de saber cuándo no puede más, tan desconfiada y tan ilusa todo junto, alguien tan rota como yo, tan la cita esa de frida kahlo, tan remendada, tan autoremendada con emparches, después de tanto todo y tantos tanto, siga parada acá, latiendo y pensando y haciendo y cambiando y conociendo tantas cosas y entendiendo cada vez más cosas y por primera vez lo que quiere decir la gente cuando habla de la felicidad y del amor.

 

Yo creía que eran los chispazos esos, las polaroids que sacás de micromomentos donde te parece que entendés todo y que todo es amor. Los Instantecitos. Y que si juntás muchos instantecitos, sos más feliz que la gente que tiene menos instantecitos. Y aunque no lograba conciliarlo con la idea “infantil” según me han dicho, de “Hollywood”, que se nota que tenía del amor (y que era probable porque yo también vi las de princesas y Pretty Woman, esos infames instrumentos de control mediante los cuales nos convencen de que amor es comprarte y no conocerte pero “saber” que sos suya y que ser de otra gente es amor), no podía no saber que amor también era poner el cuerpo y poner la vida y poner el alma en ese altarcito de mierda que capaz más que altar era vidriera. O capaz guillotina.

Porque atrás de la adoración y el enamoramiento encandilado de los hombres que me conocieron y les dio por esa de encandilarse, atrás del altarcito, más de uno tenía un dungeon de sadomasoamor lleno de aparatitos que cuando te tocan, te sangran. Ni siquiera estoy hablando de los que no me quisieron. Porque bueno, ahora que tengo una vara más propia, más justa, más linda para medir, ahora que sé que del otro lado del amor no hay ni un tribunal de cuentas ni una mesa de examen ni una factura a pagar en cuotas de usura, entiendo que amor era otra cosa y que es posible para mí, y que no es ni un chantaje ni un favor y que era verdad que podía ser libre, o más libre dentro de la(s) jaula(s) grande(s) que compartimos.

Y entre la cantidad enorme de cosas que me dio el feminismo, (porque nosotras decimos que luchamos por la liberación de todas las mujeres y en “todas las mujeres” entramos nosotras, porque esta lucha no es un sacrificio de un par de iluminadas por mujeres abstractas como de estadística de documento de política pública, sino una lucha por cada una de nosotras y que pasa en cada una de nosotras, bien adentro de nuestras mentes y bien clarito en nuestros cuerpos), está el aprendizaje de que sí, muchísima gente no me va a entender, no me va a cuidar, no me va a querer, y eso ni me inhabilita  ni debería doler tanto, porque tengo todo el derecho del mundo a tener una opinión, a revisarla, a mejorarla, a discriminarla entre otras opiniones que no me sirven, sin lealtades de cartón y sin concesiones.

 

Sin culpas, que nada mejor para contrarrestar los efectos de la droga dura dios, de la droga dura familia, de la droga dura Patriarcado, que el Feminismo. Voy a decir cosas que no le van a gustar a mucha gente. Y en lugar de responder a lo que digo, van a responder a lo que soy. Van a hablar de con quién me acuesto, de si mi tono es demasiado cínico, de si debería ser más amable y tolerante, de todo lo que dice mi prontuario, y yo me voy a tentar a contestar, a mostrar que es mentira lo que dicen para herirnos y callarnos, a defenderme. Pero estoy aprendiendo que no vale la pena. Y que tengo derecho a desafiliarme de las crucifixiones del Régimen del Feminismo de la Aceptabilidad. No tengo por qué esperar aterrada a que aprueben o desaprueben lo que digo. Yo no escribo para todo el mundo. Ya no escribo para machistas ilustrados y #HoeniriasLasFurias. Ya no escribo para Feministas Splenda de la Igualdad Empoderante.  Yo escribo para mí, y para alguna otra persona más extraña del mundo que anda seguramente por ahí, no para los Inquisidores. No soy un 24horas, no soy una carmelita descalza, no es un apostolado, no es un deber.

 

Ayer entendí eso. Me enseñaron eso. A prepo, como me han enseñado TODO lo que no aprendí de las feministas que respeto. No, decir que sos feminista no te hará feminista. El feministómetro, sí, cómo no, siempre llevo uno encima -sin culpas-  porque está lleno de chantas y también de mujeres con muy buena intención que han intentado informarse y aprender y han tenido la desgracia de leer primero a las personas que desvirtúan la lucha feminista en pos de famita y buena conciencia y lamento mucho que les guste decir que es soberbia pero no lo es.

 

El feminismo es un camino de ida, pero puede ser tranquilamente un camino de ida a la misma mierda si empezamos a hacer de cuenta que todo da lo mismo. Ponerle rosado a un cartel no lo hace feminista. Hacer un monólogo de humor donde hablás de lo lindo que sería tener una pija para juguetear con ella no te hace feminista. (por gratitud, por sororidad, por timidez, no se lo dije en su momento a una mujer que tuvo un muy lindo gesto conmigo, pero alguien que no tiene ni gratitud ni sororidad, se lo dijo en medio de un enchastre anti-todo, y la mujer del lindo gesto que tiene buena voluntad y quiere ser feminista, pero a veces le sale más o menos, se sintió tan herida que en vez de pensar si no será verdad que capaz hay que revisar un poco la idea que tenemos de feminismo, sumó unos tronquitos a aquello que a esa altura ya era full Juana de Arco). Atacar feministas por cosas que otros tipos les han hecho no te hace feminista.

 

Y yo voy a reservarme el derecho de decirlo cada vez que se me dé la gana, que para eso TAMBIÉN está el feminismo. Para poder abrir la boca. Sabiendo, ahora que me lo enseñaron ayer, que cada vez que abrimos la boca, si no decimos “ay pero qué rico todo”, nos van a querer dar un cachetazo, los machistas y sobre todo sus colaboracionistas ( que por algún motivo, se sobre esmeran a la hora de quemar mujeres). Será así entonces. Siempre es mejor sabe que no saber.

 

Si no puedo hablar, no es mi revolución.

La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

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Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

vivafeminismo1936

 

 

 

 

 

 

Titanio

Bajamos. Está lleno, como cualquier día de semana a la hora de la entrada a la escuela en cualquier línea que cubra recorridos donde hay escuelas. Tres madres, un papá, una abuela, un tuniquín verde, uno rojo, cinco túnicas blanco marzo, 7 moñas lisitas, grandotas, brillantes, azul marzo. Un par de remeras con logo de privado, un uniforme gris; un montón de gente. Hasta ahora, todo va bien.

Viene saliendo bien la mañana, el desayuno, la ida a Dakini, la charla con otra mami azul, la ida al super, el picnic en el parque esperando a Pol, la subida al ómnibus. Todo tranquilo. No iba tan lleno cuando subimos.

Yo aporté un montoncito respetable: voy con El Trío. Ellos van conmigo también. La señora del pelo rosado y el pañuelo en el cuello. Yo trato de no mirar mucho, pero en alguna vidriera alguna trampa he hecho y hago como que miro la ropa pero me fijo si no salí con un camison, si no parezco muy de Marte, cosas así. Pero hago un chequeo mínimo, tampoco me esmero tanto. Así que además del montoncito original, nosotros somos un montoncito bastante llamativo. La Laucha arranca una especie de recitado onda la parte del cuplé esa que hablan medio sentimental y después cantan todos (séh, no sé nada de carnaval) y después canta algo que suena muy dramático así fuera de contexto pero en realidad es de Mi Pequeño Pony. Pol exclama así todo impostado “oye Anna, cantá en inglés” y no se ponen muy de acuerdo así que una la canta en Español y el otro en Inglés y todo el mundo qué lindos nenes y todo sonrisas de aprobación.

A mitad de camino, el ómnibus que se rompió adelante del nuestro, aportó otro montoncito respetable. Suben como quince más. Entre ellos, un ex-compañero del IPA que justo vive cerca de la escuela y una mamá con dos nenes tunimoñados. Ahora sí está lleno. La mujer sin querer le engancha la mano a Pol y ahí va otra vez él todo robotito “oye” y se ríe y ella se disculpa y se hacen amigos y yo converso y cómo van tus cosas? y agarraste grupos? y yo acá jugando un poco a las mamás sí sí ya veo y en eso Pol se hace demasiado amigo y le agarra la panza a la mujer y le tira “oye, comiste mucho?” y ya fue todo.

El gordo le sigue apretando la panza a la mujer y todo el mundo eso de qué lindos nenes bueno ahora ya no sé y las sonrisas ahora son medio como de qué vergüenza y estamos llegando a la parada por fin.

Era un lío y yo dejé pasar a varios mientras verificaba que no había perdido a ningún propio. Tres parece que es poquito pero no. Son un montón, pero están todos y ahí para y bajamos y ya está. Una menos cinco, dentro de todo éxito total.

Pero no. Baja Anna y yo pienso

cómo le erré, ahora tengo a uno arriba y a otro abajo y pará que además la mochila y esta bolsa de mierda que compré tres pelotudeces en el supermercado mientras esperábamos a Paul afuera del centro y pagué una fortuna por tres pelotudeces si seré infeliz, tanto desgraciado ganando una canasta y yo cirque du soleil todos los días a ver qué cuatro pesos de más o de menos me tocan y se me ocurrió comprarme un jugo de mierda que dice que es de guayaba pero andá a saber porque no le vas a creer a un tipo que te vende jugo en unos envases que tienen una forma tan de mierda que nunca te los podés terminar y vos sabés que hay porque sacudís el tetra de juguito porque si hubo algún momento para un tetra va a ser lo que se viene ahora y va a tener que ser de juguito porque sos una madre pero no este tetra de guayaba que ahora me aplasta todo en la mochila y no la puedo cerrar bien y entonces se me van a arrugar los Documentos de Verificación de Deberes Femenino-Maternales y entonces qué voy a hacer dentro de un rato cuando tenga la entrevista con las maestras de La Menor sin el certificado de vacunación sin el carné de salud del niño sin la fotocopia de la cédula y bueno ya veré pero aparte de que el jugo este me arruga todo no me entra el saco gris.

El saco gris. Alguien me grita algo y manoteo. Me estaba olvidando el saco gris en el asiento. En el momento en que recupero el saco, cuento nenes y mochilas y confirmo que llegamos comprendo perfectamente que estoy en un Día de Mierda de manual. Falta pila. Apechugarry. No hay otra.

La Mayor entra sin problemas. Hablo con la acompañante de Pol. Con la maestra suplente de Pol. Con la secretaria. Con la directora (una conversación tirando a más o menos pero sigamos la del zen y no nos preocupemos). Queda Pol sin problemas. La Laucha entra a clase, se sienta en la mesa, apoya la cabeza y se refriega los ojos. “Muerta de cansada” dice la maestra y yo le digo que se ve que sí. Que la espero a que salga de la adaptación, la llevo a lo del padre, saco las fotocopias de los Documentos Verificación de Deberes Femenino-Maternales y vuelvo a las cuatro para la entrevista de comienzo de año. Saludo a un par de madres, de maestras, nenes “vos sos la mamá de Julia? Pol? Anna?” dependiendo y a la señora de la camioneta que también espera afuera la salida de la adaptación, como las madres que tengo al lado.

Una me pregunta si la mía también está en 5. Que la de ella no se adapta y que llora. En eso, suena un Linda Blair. Es la mía. Le digo y se quedan tranquilas. Mejor siempre que sea la de otro. La maestra me hace señas y entro. Anna tenía calor y no se podía sacar el tuniquín porque los hacen talle 4 pero ella es talle -5 y se lo tuvimos que coser un poco. Le saco la túnica y le dejo el tuniquín y parece que todo bien.

Yo salgo de la escuela pensando que todo mal y que si esto es marzo yo no llego a turismo. Me siento en el murito de la escuela. Prendo el celular. Mando un whatsapp que qué bajón todo. Me escriben en face que alguien que está muy enojada conmigo está ejerciendo ese enojo medio públicamente con chismes y chismecitos. Decido que es momento para fumarse un cigarro y llega una mamá.

Nos ponemos a charlar que cómo arrancaron que qué bravo que está que no tiene empleo no yo tampoco voy al ciber a mandar un curriculum ah ta yo voy a sacar fotocopias te acompaño dale caminamos y yo también tengo tres sí y ahí me cuenta que el padre del mayor le sacó la tenencia y nos intercambiamos tres o cuatro Y Mirá Este Otro lo que Hizo porque se nota que eso que yo tengo tan raro que siempre ligué tipos más bien tirando a la Gusanidad se ve que misteriosamente ella también lo tiene y entonces en cinco minutos ya tenés suficiente para hacer una bien dramática así tipo con susan sarandon y  pará que te anoto acá así ya te queda en el cel.

No tengo el celular.

La bolsa del super, la mochila, los documentos de Verificación de Deberes Femenino-Maternales, el jugo de mierda que es rico pero que no me voy a poder temrinar porque lo ponen en esta caja qué jodidos que son, tengo todo menos el celular.

Perdí el celular.

Entre las 13:24 y las 14:40 recorrí -estimo que más o menos setenta y ocho veces- el camino del murito de la escuela al murito donde me di cuenta que no tenía el celular.Pregunté en la dirección de la escuela, en el kiosco, en la vidriería, a la mujer de mantenimiento y a gente que seguro no lo había visto. Interrumpí la clase de Pol para llamar a casa desde el cel de la acompañante y pedir que bloquearan el chip porque tenía mi sesión de mail y de facebook abiertas en el celular y ya estoy harta. Pasé por el recreo de los chiquitos, un montón de aparatitos de gritar a cuadraditos rojos, verdes y azules. Me fui al ABITAB a sacar plata del cajero para las fotocopias. La maquinita del REDBROU no anda. Los del mostrador te miran como si la maquinita de REDBROU que tienen en su local fuera otro país. Tipo el Vaticano. Está adentro de un país pero es un país.  Te miran como diciendo ni me mires que no tengo nada que ver. Camino a la estación. Es BANRED. Me cobran 50 pesos por dejarme usar su cajero que sí anda. Se los pago. Vuelvo al kiosco a sacar las fotocopias. No me digan que no intuyen lo que sigue.

No hay toner.

Todavía soy capaz de llegar tarde a buscar a La Laucha que sale a las 15 de la adaptación. El siguiente puesto de fotocopias está a medio camino entre la escuela y La Casa Quemada. Cada cuadra que me acerco me parece que me ahoga. Esto tiene una puertita re angosta y está lleno de porquerías chicles helados papitas y allá al fondo tiene la fotocopiadora y hago toda la coreografía necesaria y saco las fotocopias. Vuelvo a la escuela y qué tremendo como en un día envejecí 17 años ayer desayuné un pote de yogur con cereales y chispitas de chocolate y estaba feliz y ahora quiero irme a dormir adentro de una pirámide y que no me jodan un buen rato tipo cuatro o cinco mil años.  Por tercera vez, estoy a un pestañeo de llorar pero el segundo día de escuela en la puerta de la escuela no.

Anna sale contenta. Que se portó un poco mal y un poco bien porque al principio se portó mal pero después se portó precioso dice ella y yo medio la rezongo igual pero le creo y la llevo a lo del padre. Es muy cerca y ella va parloteando y haciendo planes de con qué va a jugar mañana. Vuelvo a la escuela. Es el recreo de los grandes. Muchos más aparatitos de gritar, todos de blancomarzo dales un par de semanas a esas túnicas. Pol está bien en su clase, me entero cuando vuelvo a interrumpir para avisarle a la acompañante que a la salida Pol se va con su papá para que se lo diga a él así sabe qué cara esperar en la puerta.

Entro a la clase de Anna y tengo la entrevista con sus maestras. Lo mejor del día. Es así. Pasa media cosa no horrible y ya te ponés tarado, como religioso, como si hubiera algún equilibrio. Bueno esto compensa el garronazo que viene siendo este día. Ese tipo de estupideces. Salgo de la entrevista y ya casi es la salida. Me sumo a la fila de la clase de Paul. Veo bajar a Julia. La acompañante me pregunta si encontré el celular. Me cuenta que perdió una prueba de ingreso que había dado ayer. Qué día de mierda. Estamos de acuerdo. Suena el timbre.

Dejo nenes con el padre, me traigo las mochilas, las viandas vacías, los originales de los Documentos de Verificación de Deberes Femenino-Maternales. Camino hasta casa. Una cuadra antes de llegar, una chica habla por el celular. Le dice a alguien que ahora no tiene ganas de hablar que no la llame más que no le hace bien. Corta y apaga el celular. Estoy a dos pasos de casa y estoy segura de que las llaves están abajo del todo, de las túnicas, las viandas vacías, las cartucheras, la bolsa del super y un jugo de guayaba que es riquísimo pero viene en un tetra que es una porquería, en el último bolsillito del último cierre del último doblez.

Si tuviera el celular, ahora lo apagaría. Yo tampoco tengo ganas de hablar.

 

 

 

 

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Yo la tengo más oprimida que vos

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No puedo ni recomiendo a ninguna otra mujer andar ahora buscando casos de a uno. Pero así antes de tomarme un café y pensar se me ocurren un par de ejemplos útiles.

Hay 40 tipas de acá, de esta aldea tranquila y pacífica, que no estuvieron en “mejor situación” que nadie en 2015. Cuando tu ex te tira nafta encima, te teletransporta. No estás más en Uruguay. No sos más una mujer independiente. No existe tu título universitario, no existe el poema que escribiste, no existe lo que te dijo la maestra ni el clip del #niunamenos que pasaron en la tele. Estás en Afganistán, en Colombia, en Juárez, en un ómnibus en India. Estás rodeada de tiza.

A mí, por ejemplo. la primera vez que un noviete casi me mata (así de forma directa, la única, porque después de eso solo me llevé algún que otro bifecito, pero nada como para dar lástima en Juárez) fue en el Bowling de Carrasco, y fue otro Carrasquense, como yo era entonces, el que me levantó del piso agarrándome del cuello y dándome contra la pared. Éramos todOs chicOs bien.

A eso de los 4 añitos o un poco menos aprendí en una gran casona del centro de Carrasco que cuando tu marido te pega y en el forcejeo te rompe la ropa, lo que podés hacer para al menos aprovechar un poco es cortar el camisón que te rompió en cuadraditos y dejárselos en el cajoncito de la cocina así la empleada (que a veces defiende demasiado al marido con lo que da para sospechar que capaz el tipo también la tiene abajo de la pata porque se nota que es un tarado y ella lo defiende tanto igual) los puede usar para lustrar algún mueble. Otras lo que hacían era vivir en el gimnasio y adentro de una copa con una aceitunita para pasar la temporada de Juaridad legal y cristiana que es el matrimonio lo más groggy posible.

Pero no me gusta hacer estas explicaciones porque es estúpidamente evidente que no es lo mismo ser una chica bien que una nena pobre de 14 años que va al almacén en Juárez y un día en una esquina cualquiera la levantan unos turros que la encierran y torturan con saña mientras la filman (luego capaz la matan y capaz la filman otra vez porque mercado -lindo el capitalismo feminista- compra todo y cuanto más desagradable mejor) para venderle el video a unos japoneses (chetos) que cada tanto le dan a alguna japonesita que tengan a mano, o capaz lo pasan de fondo en algún burdel improvisado que en realidad es cárcel y los puteros que van todos los días lo saben porque ven y tocan y huelen y muerden y escupen los machucones que las mujeres semimuertas de ojos grises y opacos que miran como se mira un chocolate en una góndola del super tienen encima, que les dejaron o los capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo – de Uruguay o de Argentina o Ucrania o Paraguay donde las levantaron secuestradas o todas rotas, para venderlas a otros capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo- en Italia o Berlín, donde quizás los primeros dos meses mas o menos se esmeren en tratar de pedirle ayuda a sus violadores diarios, clientes capitalistas que las liberan dándoles plata por hundirles la pija en la tráquea y después ya no porque igual qué importa.

No. yo estoy sentada en mi casa, con un pote de yogur con cereales al costado. En la trincherita posmo de la interné. Ya sé eso. Pero alguien mucho más tonto que el señor o señora con mente de pene que me hace no preguntas en facebook puede darse cuenta rápidamente que no es concebible que el capitalismo se vuelva feminista. No existe. El capitalismo es suicida, sí, pero por otros motivos. Suicida así, no. El capitalismo como hizo desde que nació hace 15 minutos, no hace otra cosa que buscar más formas de acumular y “ganar”. Juegos del Hambre pero de verdad. Con las mujeres ya las ha cumplido casi todas porque como leemos en los diarios de hoy y de ayer y de la semana que viene, nos tiene como consumidoras Y como mercancías y como bolsa negra y como estadística.  Las esclavas más esclavizadas del capitalismo que puedan existir. También somos las esclavas más esclavizadas del anticapitalismo, porque seguimos siendo, con “cumbia, copeteo y lágrimas” o con Vodka y Prozac, las proletarias de los proletarios.

En las Olimpíadas de la Opresión, perdés siempre. No juegues.