no hay remate

hoy, 3 de junio, sí, #NiUnaMenos, qué bien, en fin, en una nueva (?) discusión de gente asustada porque la nueva agenda de derechos impulsada por Rockefeller, fabiana goyeneche y emaguátson logró imponer alguna medida o pedido de medida o mínima accioncita testimonial y casi costo cero que igual no sirve de mucho así que bien podríamos haber seguido como si nada, del mismo modo que no saltamos a gritar cada vez que vemos que bajan 10 tipos de una camioneta en una avenida a plantar cuatrocientas macetitas de mierda con unos plantines que duran dos semanas así que a las dos semanas zas, tienen que ir otra vez en lugar de comprar alguna planta que dure un poco y capaz hasta que sirva para algo en vez de esa porquería que solo se explica si resultara que el vivero donde compran los plantines es del hermano de alguien que cumple funciones en alguna parte, y no salimos a gritar porque ya sabemos que convivimos en un lugar de mucho maquillaje y de mucho remiendo y lo atamo con alambre y medidas con buena intención capaz pero mucha torpeza y eso PERO esto es diferente y esta vez no podemos seguir como si nada porque la medidita menor de la semana definitivamente evidencia que la Cheka de la corrección política va a conquistar el mundo, robarse los bebés y confiscar el whisky del planeta y cómo vamos a hacer sin nuestras putas me querés decir y en cualquier momento nos sacan las bolsas negras y dónde las vamos a tirar cuando les metamos catorce puñaladas porque estábamos tristes y enceguecidos de celos y amor, que al fin y al cabo son caras de lo mismo, leí a uno que preguntó dónde quedaba su derecho a ser facho, machista y reaccionario.
no hay remate.
es así.
y esos son los buenos. son los que tocan en las bandas que te gustan, los que escriben en los diarios que te gustan. no son los giles. no son los malos.
los tipos piensan que tienen derecho a pensar que somos basura.
ya no es que piensan que tienen razón y que somos basura o ya no importa, así que hay que dejar de intentar mostrarles que no somos basura, que somos gente, que en serio, si se ponen un poco las pilas con eso de la empatía van a ver que tá, que no somos tan horribles, porque no da que nos maten y eso. no importa.
piensan que es un derecho odiarnos.
piensan que hay un derecho a ser facho, machista y reaccionario.
así de corta.
¿sabés como suena adentro de la cabeza de ellos?
así.
“yo tengo derecho a pensar que sos inferior porque sos mujer”.
eso tienen en la cabeza.
no hay remate.
 
machismo es eso.
pretender que no lo hagan, que dejen de pensar que tienen derecho a detestarnos, o que si están decididos a hacerlo, al menos se alejen de nosotras y se nos hagan cada vez menos necesarios, o que nos dejen dejarlos parece bastante, bastante ingenuo.
 
desafiliate antes que te mate.

24 horas

Ayer estuvo medio fulero en la trincherita posmo de la interné. Me pasó un poco como Sendic: medio la cago y medio me odian. (si no sos de Uruguay, GIYF porque a las de acá ya nos tiene repasadas el temita)
La parte del “la cago” es larga porque llevo 38 añitos bien moviditos de este lado del Más Acá y el que tiene boca, se equivoca, como dicen las viejas. La parte del “me odian” es como inexplicablemente enorme para el grado de inofensividad que represento, pero ya ves que así somos, patoteros, crucificadores, injustos. Pero como toda pérdida libera, dicen, y todas las patadas en el orto al menos empujan pa’lante, también esta mierda tiene su lado bueno. Sirve para priorizar y para tomar coraje.

 

Sí, soy una feminista rabiosa pero no soy el Dalai Lama ni vengo de Krypton e hice (y alguna a veces todavía hago) muchas de las cosas que digo que las mujeres hacemos aunque no nos convienen y que nos vendría súper bien no hacer más o empezar a desaprender. Ser feminista me sirve justamente para curarme, y si me habrá curado, que ayer, en medio de la hoguera, me di cuenta que cuando la gente habla de la felicidad, habla de lo que tengo yo en casa.

 

Si me habrá curado el feminismo, si me habrán curado las feministas radicales, abolicionistas, lesbianas (las que leí de lejos y las que abrazo de cerca, en medio de todo el circo y propaganda, papelitos!coreo!divinas!) que después de media vida de guasca y llanto y promesas (no lo digo como algo bueno, las promesas rotas no son lindas) y locura y maltrato y mentiras (enormes, mentiras que no podés creer que un tipo diga solamente para ponerla un rato, a modo de ejemplo te digo: uno me hizo creer que tenía cáncer durante un año), una mujer tan rara, tan insoportablemente bocotas que al mismo tiempo tiene la vergüenza de un pibe al que le presentan seis tías gordas que le preguntan si tiene novia y si quiere más a mamá que a papá, para las cosas más tontas, más fáciles, más “normales” de la vida, (hablar con vendedores en tiendas u empleados en oficinas – hablo bajito, nunca me oyen-, reclamar que algo que me vendieron está mal, contestar a un elogio, ir al médico, dar un examen oral aunque sepa el programa de memoria, leer una puteada que alguien que no me conoce me dedica desde el altillo de la casa de su vieja a kilómetros de mí), una tipa tan chiquitita cuando se asusta y tan desmedida todo el tiempo que cómo alguien va a suponer que adentro de todo ese volcán hay este osogommi, una mujer tan incapaz de saber cuándo no puede más, tan desconfiada y tan ilusa todo junto, alguien tan rota como yo, tan la cita esa de frida kahlo, tan remendada, tan autoremendada con emparches, después de tanto todo y tantos tanto, siga parada acá, latiendo y pensando y haciendo y cambiando y conociendo tantas cosas y entendiendo cada vez más cosas y por primera vez lo que quiere decir la gente cuando habla de la felicidad y del amor.

 

Yo creía que eran los chispazos esos, las polaroids que sacás de micromomentos donde te parece que entendés todo y que todo es amor. Los Instantecitos. Y que si juntás muchos instantecitos, sos más feliz que la gente que tiene menos instantecitos. Y aunque no lograba conciliarlo con la idea “infantil” según me han dicho, de “Hollywood”, que se nota que tenía del amor (y que era probable porque yo también vi las de princesas y Pretty Woman, esos infames instrumentos de control mediante los cuales nos convencen de que amor es comprarte y no conocerte pero “saber” que sos suya y que ser de otra gente es amor), no podía no saber que amor también era poner el cuerpo y poner la vida y poner el alma en ese altarcito de mierda que capaz más que altar era vidriera. O capaz guillotina.

Porque atrás de la adoración y el enamoramiento encandilado de los hombres que me conocieron y les dio por esa de encandilarse, atrás del altarcito, más de uno tenía un dungeon de sadomasoamor lleno de aparatitos que cuando te tocan, te sangran. Ni siquiera estoy hablando de los que no me quisieron. Porque bueno, ahora que tengo una vara más propia, más justa, más linda para medir, ahora que sé que del otro lado del amor no hay ni un tribunal de cuentas ni una mesa de examen ni una factura a pagar en cuotas de usura, entiendo que amor era otra cosa y que es posible para mí, y que no es ni un chantaje ni un favor y que era verdad que podía ser libre, o más libre dentro de la(s) jaula(s) grande(s) que compartimos.

Y entre la cantidad enorme de cosas que me dio el feminismo, (porque nosotras decimos que luchamos por la liberación de todas las mujeres y en “todas las mujeres” entramos nosotras, porque esta lucha no es un sacrificio de un par de iluminadas por mujeres abstractas como de estadística de documento de política pública, sino una lucha por cada una de nosotras y que pasa en cada una de nosotras, bien adentro de nuestras mentes y bien clarito en nuestros cuerpos), está el aprendizaje de que sí, muchísima gente no me va a entender, no me va a cuidar, no me va a querer, y eso ni me inhabilita  ni debería doler tanto, porque tengo todo el derecho del mundo a tener una opinión, a revisarla, a mejorarla, a discriminarla entre otras opiniones que no me sirven, sin lealtades de cartón y sin concesiones.

 

Sin culpas, que nada mejor para contrarrestar los efectos de la droga dura dios, de la droga dura familia, de la droga dura Patriarcado, que el Feminismo. Voy a decir cosas que no le van a gustar a mucha gente. Y en lugar de responder a lo que digo, van a responder a lo que soy. Van a hablar de con quién me acuesto, de si mi tono es demasiado cínico, de si debería ser más amable y tolerante, de todo lo que dice mi prontuario, y yo me voy a tentar a contestar, a mostrar que es mentira lo que dicen para herirnos y callarnos, a defenderme. Pero estoy aprendiendo que no vale la pena. Y que tengo derecho a desafiliarme de las crucifixiones del Régimen del Feminismo de la Aceptabilidad. No tengo por qué esperar aterrada a que aprueben o desaprueben lo que digo. Yo no escribo para todo el mundo. Ya no escribo para machistas ilustrados y #HoeniriasLasFurias. Ya no escribo para Feministas Splenda de la Igualdad Empoderante.  Yo escribo para mí, y para alguna otra persona más extraña del mundo que anda seguramente por ahí, no para los Inquisidores. No soy un 24horas, no soy una carmelita descalza, no es un apostolado, no es un deber.

 

Ayer entendí eso. Me enseñaron eso. A prepo, como me han enseñado TODO lo que no aprendí de las feministas que respeto. No, decir que sos feminista no te hará feminista. El feministómetro, sí, cómo no, siempre llevo uno encima -sin culpas-  porque está lleno de chantas y también de mujeres con muy buena intención que han intentado informarse y aprender y han tenido la desgracia de leer primero a las personas que desvirtúan la lucha feminista en pos de famita y buena conciencia y lamento mucho que les guste decir que es soberbia pero no lo es.

 

El feminismo es un camino de ida, pero puede ser tranquilamente un camino de ida a la misma mierda si empezamos a hacer de cuenta que todo da lo mismo. Ponerle rosado a un cartel no lo hace feminista. Hacer un monólogo de humor donde hablás de lo lindo que sería tener una pija para juguetear con ella no te hace feminista. (por gratitud, por sororidad, por timidez, no se lo dije en su momento a una mujer que tuvo un muy lindo gesto conmigo, pero alguien que no tiene ni gratitud ni sororidad, se lo dijo en medio de un enchastre anti-todo, y la mujer del lindo gesto que tiene buena voluntad y quiere ser feminista, pero a veces le sale más o menos, se sintió tan herida que en vez de pensar si no será verdad que capaz hay que revisar un poco la idea que tenemos de feminismo, sumó unos tronquitos a aquello que a esa altura ya era full Juana de Arco). Atacar feministas por cosas que otros tipos les han hecho no te hace feminista.

 

Y yo voy a reservarme el derecho de decirlo cada vez que se me dé la gana, que para eso TAMBIÉN está el feminismo. Para poder abrir la boca. Sabiendo, ahora que me lo enseñaron ayer, que cada vez que abrimos la boca, si no decimos “ay pero qué rico todo”, nos van a querer dar un cachetazo, los machistas y sobre todo sus colaboracionistas ( que por algún motivo, se sobre esmeran a la hora de quemar mujeres). Será así entonces. Siempre es mejor sabe que no saber.

 

Si no puedo hablar, no es mi revolución.

La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

8demarzotiria
Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

vivafeminismo1936

 

 

 

 

 

 

CheLa Guevara

Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

Lo bueno de las preguntas es que siempre hay más para hacer así que, visto así, como contribución a la búsqueda permanente, valen todas. Hoy leí una pregunta. Creo que era una pregunta. Ya saben, a veces parecen preguntas y no son, y a veces parecen una nadita y resulta que había una pregunta ahí tintineando como loca.

 

Creo que hoy leí que alguien preguntaba “por qué no avanzar en defensa de los derechos de las mujeres sin necesidad de esperar que renazca un Che Guevara versión femenina y lidere la madre de todas las revoluciones, que arrancará de cuajo todas las injusticias”.
Un Che Guevara versión femenina. Qué buena pregunta.Femenina no sé, porque femenino es más bien la construcción de la femineidad que sabemos que no refiere a nada, así que más que un che guevara con voladitos, una especie de Fabián Gianola del Che, esto se trataría más bien de un Che Guevara mujer, la CheLa Guevara.
Bueno, no.
femaleche
Tampoco.*
No veo tampoco en ningún lado la necesidad de esperar a ninguna CheLa Guevara. Justamente, estoy diciendo lo contrario. Que zafemos un poco del CheGuevarismo (estamos usando la marca “che” irónicamente un poco, no? ah ta), que hagamos esta otra cosa que no se hace con Ches Guevaras porque las mujeres no son “ches guevaras” (aun las recontra luchadoras, las heroínas, las mejores, las que decís “pero será posible que se haya muerto esta tipa y ahora qué mierda se hace me querés decir sí ya sé que nunca la vi pero la leí o la conocí o me enteré y me cambió todo”, esas tampoco son “cheGuevaras” porque la cosntrucción del mito/motivador/leyenda/referente/memorialoquesea de los Che Guevaras es intrínsecamente macho, machista y masculinista. Otro para la Bolten, salud y revolución y las mujeres a fregar para él también. No zafa ninguno, no sé para qué nos fijamos.

 

Justamente, digo que capaz en vez de dedicarnos a la revoluciónCheGuevaresca, arranquemos por otro lado. A nosotras nos caga siempre y además, en sí, a ella misma, a la revolución esa, la cagan a cada rato, cada vez que tienen una chance y tienen una chance onda una vez cada ciento y pico de años así que no da para andar errándole tanto, van y la cagan.

Y después vienen las contrarevoluciones, “los embates de las derechas” y esas cosas que les encanta decir y ahí las que siempre nos comemos una más, una doble, una peor, somos nosotras. Cada vez que algo que lideran los varones de izquierda fracasa (históricamente desoyendo o directamente ignorando a las mujeres de esos colectivos) , quienes más pierden como en todo, son quienes más tienen para perder.

 

Y entre ricos y pobres son los pobres (esa la sabemos todos porque es nuestra lucha “común”) y por eso cuando un malabortado con seis gramos de poder toma una decisión fachita de esas que siempre dan plata en un país de mierda cualquiera, como este, como todos, quienes más pagan los platos más rotos son quienes menos platos tienen, aunque los otros hayan perdido más cantidad de platos, porque si tenés un millón podés darte el lujo de perder quinientosmil y te juro que la llevás pero si tenés siete y perdés una gotita se te terminó la vida.

 

Y acá es lo mismo. Cada vez que las izquierdas porque no sé cómo mierda se llaman ahora los CheGuevaristas porque ya fue todo, operan y actúan y hacen y deshacen, si les sale mal (les está saliendo horrible en lo que importa, en el cheguevarismo, ponele, en la izquierdidad) las mujeres de los de ellos la vamos a pasar peor que ellos. De modo que cada vez que toman decisiones a lo cheguevaraloco nos cagan más la vida a nosotras. Con eso con lo que no tenemos nada que ver porque los que saben, los líderes, los ches, son tipos.
Y bueno, no tenemos donde decirles que así chicos, no está saliendo. O sea, supongo que saben que no estamos “tipo haciendo la revolución”, no? y nos gustaría decirles que entre otras cosas también bastante, mucho, tanto que vale la pena aunque sea probar y darle pelota que mirá si es nomás y vamos algún pasito de mierda para adelante y no como enfermos en la carrera demente lemmingera que es este sistema de mierda, es porque no nos dejan hacer, no nos dejan existir.

 

Nos tienen colaborando (colaborando es una palabra de mierda porque las mujeres metemos lomo, es verdad lo de las leonas, es verdad que aguantamos lo que no sabemos que es posible aguantar porque no sabemos que existe hasta que nos fracturó la frente y nos cayó encima y acá estamos, así que más que colaborando sería dejando la vida ahí pero tá) por “la causa común” la que no nos divide, la que nos une, ahí, a los dos juntitos, nos une a nosotras con la suela de ustedes aplastándonos la boca, y es difícil militar por nuestra causa común mientras tragamos cachos de tierra y pastito que traen pegados en el taco, escupiendo un poco)

 

Así que fijate, justamente yo no estoy diciendo que estaría bueno IMITAR el Cheguevarismo en versión femenina. Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, una piba con la remera de Greenpeace entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

 

Si agregamos una comisión de género, ponele. Un segmento del programa. Una mención antes de ir a la tanda. Una columna mensual. Un micro con las partes más importantes. Un lugar en la lista. Un asiento en la Comisión. Una cuota de mierda. ¿Eso arregla la cosa? ¿Eso arregló la cosa? ¿Eso alguna vez arreglará la cosa? Y bueno, la cosa de verdad, la enorme, la que está en la raiz no. Cierto.
Pero lo que pasa es que la que está en la raíz no la queremos atender. A algunos, a los que decidimos, a las que no nos animamos a mandar a los que decidimos a la mierda (los que decidimos en este nosotras tan amplio son los tipos), no nos gusta tratar el tema que está a la raíz.

Porque a la raíz del tema está que el HombreNuevo así como lo tienen armado para nosotras es el mismo pedazo de mierda inservible y asesino que ustedes creen que era el Hombre Viejo que este hermoso CheGuevarismo combatió, combate y combatirá, para no ganarle nunca, porque la revolución será feminista, o no será.
8 de Marzo013
No sé quiénes son Las Mantys pero tienen razón.
  • No sé tampoco quién puso a LizHurley (parece, no?) como CheLa pero no está mal de casting.

Rosas de Pan

A veces preguntan y a veces increpan y a veces dicen algo que suena como pregunta pero no es. Es amenaza. A veces es amenaza y a veces es burla y a veces es amenaza. Pero suena como pregunta. Cansan. A veces preguntan. Pocas. Preguntan cómo es bien esto que decimos del feminismo. Preguntan qué tiene que ver con ellos, si ellos también son explotados. Por el capitalismo. Preguntan que cómo vamos a hacer para no pasarnos “para el otro lado” con nuestros reclamos. Preguntan cómo vamos a hacer para no salir con el “maten a todos los machos”. Que machismo no, pero que “eso” tampoco.

Y no, ellos no le dirían a nadie “bueno, bueno, lo que pasa es que la explotación está mal pero tampoco la pavada. Plusvalía no, pero odiar a la burguesía tampoco. No le dirían a nadie eso. Salvo a nosotras. A nosotras, todos los días. Y todos los días cuidadosamente seleccionamos palabras y las armamos bien ordenadas, prolijas, claritas para responder. Me canso.
Hoy me preguntás “cómo se hace”. A mí me preguntás.

¡allí fue Troya!, (…) “¡emanciparse la mujer?”, “¿para qué?” “¡qué emancipación femenina ni que ocho rábanos!” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero”, y luego, cuando nosotros ‘los hombres’ estemos emancipados y seamos libres, allá veremos” (…) “¿No es verdad que es muy bonito tener una mujer a la que hablaréis de libertad, de anarquía, de igualdad, de revolución social, de sangre, de muerte, para que ésta (los crea) unos héroes (…) Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre.

Virginia Bolten (1870-1960)

Sucede que me canso. A veces preguntan y a veces increpan y a veces dicen algo que suena como pregunta pero no es. Es amenaza. A veces es amenaza y a veces es burla y a veces es amenaza. Pero suena como pregunta. Cansan. A veces preguntan. Pocas. Preguntan cómo es bien esto que decimos del feminismo. Preguntan qué tiene que ver con ellos, si ellos también son explotados. Por el capitalismo. Preguntan que cómo vamos a hacer para no pasarnos “para el otro lado” con nuestros reclamos. Preguntan cómo vamos a hacer para no salir con el “maten a todos los machos”. Que machismo no, pero que “eso” tampoco.

Y no, ellos no le dirían a nadie “bueno, bueno, lo que pasa es que la explotación está mal pero tampoco la pavada. Plusvalía no, pero odiar a la burguesía tampoco. No le dirían a nadie eso. Salvo a nosotras. A nosotras, todos los días. Y todos los días cuidadosamente seleccionamos palabras y las armamos bien ordenadas, prolijas, claritas para responder. Me canso.

Hoy me preguntás “cómo se hace”. A mí me preguntás.

Vos la división, el corte, la jerarquía, la brecha entre clases la entendés clarito. Vos sabés que no es un tema de personalidades, que el problema con el burgués no es que él individualmente es antipático, que eso no importa, que si fuera un tipo simpaticón y chistoso igual sería un explotador. Vos sabés que aunque el tipo sea macanudo onda la leyenda del viejo de tienda inglesa que dicen que fue menos sorete que los de disco con sus empleados/explotados, el tipo igual es un privilegiado en un sistema que oprime a quienes no tienen nada más para vender que a ellos mismos.. Eso lo entendés reclarito.

Bueno, la cosa es así. Hay OTRO corte, otra división, otra jerarquía, otro sistema de clases (castas capaz? ya ni sé). Existe desde antes que la anterior, sostiene a la anterior porque descansa literal y metafóricamente SOBRE el cuerpo de estas segundas personas oprimidas, las doble oprimidas, “las proletarias de los proletarios”, porque estas son las que “fabrican” en la línea de ensamblaje del heteropatriarcado capitalista, a los próximos tipos que van a mandar, a los próximos tipos que van a ser explotados y a las próximas proletarias de los próximos proletarios, (porque a las ricas también las cascan), porque estas son las que también fabrican las otras cosas en las otras líneas de ensamblaje “de verdad”, las más precarias de todas, las más explotables y explotadas: las pedazos de carne que la industria sexual (el negocio que mueve más plata en el mundo después del narco/armas) mastica, desgarra y vomita todos los días a todas las horas en todos los países y en casi todas las clases sociales, pedazos deshumanados de no-niñas y no-mujeres que ya usó, ya rompió y ya tiró.

domesticlabor

Peor que ser el proletario es ser el proletario que además es el producto, la mercadería, la cosa. Sobre el cuerpo de las que enseñan a los nenes las reglas del sistema aun cuando esos nenes son privilegiados en ese sistema para pisotearlas, usarlas, gastarlas, de las que difunden la ideología del sistema que las ahoga, aun mientras las ahoga, (defensoras de instituciones de dominación como la familia, de conceptos como la propiedad, defensoras de la hoja que las guillotina, hijas, esposas y madres de la hoja que las guilotina). estas son las que mueren carbonizadas por querer dejar a su marido y estas son las que bancan las palizas de los grandes hombres de derecha y de izquierda que puertas adentro, son nuestro patrón.

Y todo este laburo, toda esta revolución, la tenemos que hacer solas, ADEMAS DE LA OTRA que realmente si nos vamos a poner estrictos, sería más lógico abordarla PRIMERO y no después de “la otra” (porque el feminismo es inherentemente opuesto a la opresión y explotación, por definición el feminismo es “de izquierda”, y en esto, la historia sabe y vos y yo también, que no hay viceversa) sin que además, se nos enojen ustedes, sin que nos caguen a palos, sin que se ofendan, sin que se depriman, sin dejarnos llevar por el odio “de clase” que en otras luchas reconocemos como necesario y justo, sin que PAREZCA que nos dejamos llevar por la rabia del oprimido.

izqdermachista

Así que es así. La nuestra es hacer la revolución pidiendo permiso con buenos modales. Imaginate. Ni idea tengo de cómo hacer. Ninguna idea. Pero el otro día vi una película remotamente inspirada en Virginia Bolten y la verdad que reconocí la angustia histórica esta. Clara Zetkin, la Bolten, Frida, otras de más acá en la historia, qué agotamiento. Qué estancamiento. Hace un par de siglos que venimos así. Ustedes que no entienden, que eso no importa, que nos divide, que el “género no importa”, que el juego a la derecha. Nosotras que en serio, que no sean malos, que cifras, citas, argumentos, datos, que ustedes saben que tenemos razón, que ustedes saben que somos sus proletarias, que ustedes no aceptarían las condiciones que nos exigen (grupos feministas mixtos=incluir al patrón en una asamblea, culpar a la mujer de criar machistas=culpar al obrero de defender a su patrón porque le hicieron crer que le “DA” trabajo, mil etcéteras) qué por qué ven capitalismo y no ven Patriarcado, que si ven y entienden y saben, entonces no pregunten, hagan. Vayan y hagan.

Hagan lo que saben que hay que hacer cuando se está en una posición de privilegio. Se traiciona. Se traiciona a su “clase” (varón) y se usa ese privilegio para la causa del oprimido. Vayan y faciliten, favorezcan, promuevan la liberación de las mujeres. De ustedes mismos primero, (si de verdad desarollaran conciencia verían que les corresponde hacer lo que puedan por contribuir a nuestra liberación, salvo que no tengan objeción moral con ser cómplices de explotación) y del resto después. De Tinelli, de la balanza, de la escuela de la publicidad, del patrón, del putero, del fiolo.
Si nuestra causa es justa, y si les interesa, faciliten nuestra lucha y mengüen, achíquense, desocupen un poco todos los espacios y todas las palabras y casi toda la literatura y toda la filosofía y todo el deseo y su construcción, desocupen un poco. Faciliten. No nos hagan a nosotras explicarles a ustedes que estamos cansadas de explicarnos a nosotras mismas de cuidar nenes de parir de dar la teta de trabajar de limpiar de torturarnos para ser más explotables y cogibles de vivir limitadas y censuradas y restringidas y controladas y endietadas y empastilladas y juzgadas y compradas y vendidas y que no damos más, miniaturas de rosas de pan, souvenirs lindos a la vista hechos de miga. De migajas hartas de esperar por el pan y por las rosas. Hartas de pedir. Hartas de aguantar. Hartas de tanto ruido. Hartas del zumbido, del murmullo, del susurro. Hartas de la cautela y la mesura y la paciencia. Hartas de La Pena. Cansadas. Walking around peor.

Febril la Mirada

Me gustaban las mujeres. No tenía demasiado construido qué quería decir pero lo sabía desde hacía rato. En realidad, lo que sabía desde hacía rato es que no veía nada de malo en la homosexualidad. Eso es lo único que sabía. Pero lo sabía desde muy chiquita, cuando todo es bueno o malo o sí o no. Sigo sin saber por qué, cómo lo aprendí y quién me lo enseñó. Como a los 10 años en un brote de excitación protoepifánica le dije a mi sobrina -también de 10 años –  “¡Pará! ¿Cómo sabemos que en realidad no es todo al revés y lo que está “bien” es que los varones estén con varones y las mujeres con mujeres?”. En minutos la lapidaria respuesta  “si fuera así, las personas nos extinguiríamos” zanjó el debate de pesado por más o menos una década.

10 años no es nada. Yo quería estar con Luna. En realidad estaba con Luna cuatro horas al día en el liceo, y casi todas las tardes (y noches) en su casa o la mía, y los fines de semana en algún boliche. Casi ininterrumpidamente. Desde que nos conocimos en la fila para anotarnos en el noble instituto Alfredo Vázquez Acevedo. Una mañana entera de charla mientras esperábamos en el patio y que suspendimos brevemente para ir hasta mi casa y volver a la tarde a retirar el comprobante de inscripción. Una tarde que pasó a ser una noche girando en los sillones de pana azul de mi padre como giraba el hielo en el vasito que tenía hielo y una madrugada en la que las dos dijimos que nos gustaban las mujeres,  en la que Luna me contó de Pamela y yo inventé una historia con un nombre que ni me acuerdo y en la que después de muchas vueltas y bastante hielo, confesamos qué nos pasaba cuando estábamos con hombres,  lo que nos dolían, cómo en el fondo sabíamos que no nos querían y cómo lo que más queríamos era que alguien nos acariciara la cabeza aunque lo que ellos más elogiaran de nosotras era que los “dejábamos con los ojos dados vuelta”. Al otro día nos inscribimos en Bachillerato y a los pocos meses, con una excusa cualquiera, estuvimos juntas. Y no cambió todo. De hecho, en realidad no cambió nada. Pero se sacudió todo.

Como un terremoto. Casi como un terremoto. Como el segundo antes de un terremoto. El mismo vértigo. Si “terremoto” fuera algo que te morís de ganas de hacer, claro.

Estuvimos juntas pero no estábamos solas. Capaz el problema fue eso. Nosotras queriendo escribir cuando en realidad éramos más bien bailarinas como las de las cajitas, dando vueltas y vueltas con música de otro, para que mire otro. No estábamos solas, pero a mí me parece que queríamos estar juntas. Ahora me parece. Ahora me parece que no nos animábamos a hacer lo que queríamos y que nos acomodamos, nos ajustamos, cocinamos con lo que había. No sé a ella,  a mí me parecía que había tiempo. Que eventualmente algo iba a pasar y eso que parecía una duda tan grande, se iba a resolver solo. Que nos íbamos a dar cuenta que nada nos gustaba más que ir juntas por la calle, sabiendo que estábamos juntas. Que al final de todas las vueltas de todas las noches de todos los hielos de todos los tipos, lo que más nos gustaba era abrazarnos, acariciarnos la cabeza y darnos besos.

Pero no pasó. Salieron otras cartas – de mazos de otra gente – y se deshizo el terremoto. Y sacudió tanto al deshacerse como había sacudido al hacerse. Solo que al final todo quedaba como antes. Como si nada. Hubo réplicas. Varias. Como en todos los terremotos. Cada tanto había algún nuevo movimiento. Reencuentros,  charlas,  algunas noches, algunos bailes y algunos besos. El mismo placer alegre, tan diferente del que conocía y que experimentaba con hombres,  mucho más oscuro,  mucho más mecánico,  mucho más incómodo. Los mismos orgasmos con sonrisas inmensas que encandilan para afuera y para adentro. Pero nada cambiaba El Orden de las Cosas. Ninguna de las réplicas movió tanto una tierra -ya llena de escombros- como para cambiar esas cartas.

El Orden de las Cosas estaba zanjado: Nos gustaban las mujeres. Me gustaban las mujeres. Había estado con mujeres. Habían sido mis mejores amigas. Me gustaba estar con ellas, besarlas, abrazarlas. Me gustaba caminar juntas. Extrañaba pieles, formas y olores y sobre todo, los tiempos de la sexualidad entre mujeres cuando no estaba con mujeres. Pero mis parejas,  mis compromisos,  mis “relaciones” eran con hombres. El sexo con mujeres era mucho más hermoso, más dulce, definitivamente más rico. Pero la atracción,  la pasión, La Literatura no estaba, no existía. Y a esa altura, yo no sabía si era aprendido o natural.  Los hombres nos odiaban y nosotras a ellos pero estábamos con hombres. No éramos lesbianas: nos gustaban las mujeres. Zanjado. Por unas décadas más.

20 años no es nada. Pero cambia todo. Mi pareja me había contado que durante un año entero Claudina le había confesado que yo le gustaba,  que me quería, que estaba enamorada de mí. Yo había estado con ella un par de veces, sin saber nada de esto. Pensando que querría probar o que sé yo. Pensando que a ella, como a mí, capaz le “gustaban las mujeres” aunque no era lesbiana. Habían pasado unos buenos diez años desde entonces. Habían pasado unos buenos diez años desde todo. Dos divorcios, tres hijos, mucho palo literal y metafórico. Nos encontramos, nos pusimos al día y pasamos la noche juntas. Y ahí sí, como si hubiera un tiempo mejor que otro para destrozarlo todo, vino el terremoto. Y esa vez, sí, cambió todo. Era momento de hacer algo.

Pensé y pensé y repasé y comparé y recordé. Me llevó bastante tiempo y mucho esfuerzo. Revisé todo. Lo que había entendido hasta ese momento por “atracción”, lo que se suponía que pasaba en una relación sexual, lo que yo no conocía pero sabía que tenía que existir. Lo que implicaba una relación con un hombre si se era mujer. Lo que era cambiable y corregible y arreglable y construible. Lo que no. Lo que era desigual y opresivo y humillante. Me puse a escribir. Me puse a recordar. Me puse a discutir. Y tomé una decisión. Lo decidí. Tranquila, confiada, contenta lo decidí. Hombres nunca más.

No sabía cuánto tiempo me iba a llevar sacarme sus marcas, sus cadenas disfrazadas de romance, sus manipulaciones. Es toda una institución. Es la institución donde se fabrica todo. Es donde nos nacen a esto. A este sistema, al patriarcado capitalista que nos vende cosas para que compremos y nos vende como cosas que compran otros. Pesa una tonelada. No sabía cuánto me iba a llevar pero sabía que no más. Y sabía que tenía que relacionarme con mujeres. Que tenía que conocer mujeres, mirar mujeres, hablar con mujeres, mirar películas sobre mujeres. Que tenía que romper el campo magnético ese que hacía que por más amigas que fuéramos, por más que hubiéramos intimado, nunca tuviera la misma intimidad, la misma confianza, el mismo vértigo con una mujer que con un hombre. A esa altura ya sabía que el campo magnético ese no tenía nada de “natural”. Que era un alambrado. Hecho. A propósito. Para que me quedara adentro de una cajita que cada vez que respirás, se achica así que o te vas ahogando o te vas ahogando adentro. Para que siguiéramos pensando que el destino inevitable de cualquier mujer es el velo, la panza, la teta, los platos. Y me dediqué a romperle un pedacito todos los días. A desafiliarme. De a pasitos. Hasta que un día, conocí a una mujer. Por internet. No por vecindad, ni por edad, ni por accidente, ni por estudio ni por trabajo. Fijamos una cita y nos encontramos.

Mi primera cita oficial con una mujer fue la mejor cita de toda mi vida. Duró 72 horas y sigue hasta mañana por lo menos, aunque espero que siga hasta que me muera. Me llevó 20 años. 20 años de tenerle miedo a La Mirada, miedo a mirar a una mujer como una mujer que mira – no como una nena que espera aprobación ni como una “femme fatale” que abajo del circo de seducción al gusto del mercado, también espera aprobación y que le acaricien la cabeza-, y miedo a ser mirada por una mujer de una forma tan ridículamente prohibida y escondida que se podría decir que no existe si no fuera porque la estoy vi(vi)endo. La mirada febril y deseante. La mirada tímida y compinche. La mirada genuina de los ojos más lindos del mundo en los que brilla todo y no tenés miedo nunca más.

Hace más de un año que comparto mi vida con una persona que puedo conocer, a la que puedo entender, a la que disfruto amar. Hace más de un año que se rompió el bloque yinyangdemierda amor=dolor. Hace más de un año que no siento que la cama es una mesa de examen. Hace más de un año que siento que la vida no es una mesa de examen. Hace más de un año que no entro ni a la cama ni a la vida calculando cómo voy a hacer para salir de ahí cuando se complique todo y yo tenga más para perder y menos tiempo para correr siempre.

Hace más de un año que, casi como Adán, lo que nombro, existe. Deseo. Placer. Amistad. Confianza. Yo.

Y yo creo que existe porque lo nombro con mis mismas palabras, con mi misma fuerza, con mis mismos ritmos, con mi mismo idioma, mirando la misma mirada. La mirada que es un continuo – o así me lo parece al menos desde el centro mismo del remolino. La mirada que me nombra y cuando me nombra, me crea, me inventa, me hace.

Me nombra viva. (Ni sumisa ni amoldada ni adaptada ni afiliada ni ninguna otra palabra muerta).

Me nombra mujer. (Sin adornitos ni voladitos ni contratos transaccionales ni disecciones pornetas que me dividen en partes anatómicas, metonimias de mierda).

Me nombra lesbiana.

dancing-in-the-street

Esto no es un genocidio.

En este mundo, todo se muere.
Las plantas, los animales, la gente. Las cosas también se mueren. Las cosas no son gente. Y también se mueren.
Pero a algunas -plantas, animales, gentes, cosas – las matan. Dentro de todo lo que se muere, está aquello que se muere porque se lo mata.Que es una manera distinta de morir. Es ser muerto.
Dentro de todo lo que se muere porque es muerto, está lo que es muerto por haber hecho algo que de alguna extraña manera provocara o justificara o al menos explicara esa muerte más fría que las otras muertes porque son muertes matadas por alguien. Y está lo que es muerto por el simple hecho de existir. Que se muera porque nació. 
Dentro de lo que se muere porque es muerto por el hecho de existir, una muerte mucho más fría que otras muertes, está lo que muere a manos de alguien desconocido, casi accidental, lejano, ajeno. Y está lo que es muerto por el hecho de existir y a mano de alguien cercano, íntimo, conocido. A veces también amado, cuidado, criado.
Cuando un tipo de estas muertes pasa mucho, a manos de la misma gente y al mismo grupo de seres, hay quien habla de epidemia, holocausto, genocidio.
Pero, aunque hoy las mujeres ya no tenemos nombres ni caras, y nos llamamos con números, como víctimas de una epidemia, como víctimas de un campo de concentración y exterminio, como víctimas de un genocidio; aunque vamos contando 24 mujeres víctimas de feminicidio en Uruguay en lo que va de 2015, cuando apenas hace unos meses cerramos el 2014 contando la víctima 28, aunque ya no sabemos cómo mostrar esa cuenta a todas las personas que no tienen como nosotras, los ojos rotos, la cara roja, y la memoria llena de esta cuenta miserable, no podemos decir que esto es un genocidio.
Porque genocidio refiere a gente que mata gente. Y si nos están matando así, es que las mujeres, para quienes nos matan (de martillo, de puñalada, de miedo o de silencio) no somos gente.
Y este no genocidio, este nogenticidio que está sucediendo no es una casualidad gigante, no es una desgracia accidental, no es un castigo de deidades supremas. Este nogenticidio que es el feminicidio es el final, el extremo, el destino, la versión más pura y genuina de un sistema en el que vivimos. Un sistema que fue hecho, por gente, como son hechas las muertes justificadas por ese sistema.
Se llama Patriarcado y es un sistema injusto. Es malo. Mata y hace matar. Se combina con y alimenta otros sistemas que también son injustos y malos, que también matan y también hacen matar.
Cambiar un sistema, romper un sistema es un asunto político.
El feminicidio es un problema político.

04-china-corpse-brides

Graduación

Ese momento insoportable en que te das cuenta que realmente pensás lo que pensás. Que no es por una moda, ni por una pose, ni porque no tenés nada mejor que hacer, ni porque te fue mal en la vida, ni porque te da ninguna ventaja (ninguna en nada).

El susto que te da darte cuenta que realmente creés tanto en algo, que no vas a poder ni queriendo dejar de hacer todo lo que puedas, TODO, para que se vuelva lo más realidad posible.

Y la certeza de que ALGO te va a costar. Porque estas cosas se pagan.

Yo pensaba que se podía ir por la vida haciendo la plancha, un poco de esto, un rato de lo otro, si se complica me voy, me olvido, cambio. Y ahora me doy cuenta que no, que es verdad que se te revuelve el estómago cuando ves que pasan algunas cosas que pasan. No como a una señora respetable que dice “qué barbaridad” cuando ve que hay niños pidiendo y sigue tan pancha. Como de verdad. Como si cada una de las miles y miles de tragedias e injusticias que no querés oír más pero que tampoco querés ni podés ignorar fuera la misma, la única. Como si te hubieran pasado a vos, las que sí te pasaron y las que no, porque es lo mismo.

Y entonces entran todas esas frases que siempre dan un poco de vergüenza, que si sos capaz de sentir la injusticia blablabla contra cualquiera en cualquier lado blabllaba o que si nos tocan a una blablabl nos tocan a todas y todas esas. O eso de que lo personal es político. ESA. Esa es tan dolorosa e insoportablemente cierta que asusta. Porque cómo hacés para NO involucrarte personalmente con tu política ni políticamente con tu persona? No se puede. Es el problema que tenemos l@s que no comentamos cosas a lo cronista de internacionales, hablando sobre lo que le pasa a otra gente que no tienen ni idea. 

Por eso es imposible responder todo el tiempo a todo. Porque para nosotras, para mí, esto ES verdad. No me tengo que leer cinco tomos de teoría para saber que las mujeres no son gente, tengo que hacer un poquitito de memoria. 

Tengo que mirar lo que “gano” por mes, tengo que poner UNA frasecita medio rebelde en facebook y esperar las reacciones. Tengo que acompañar a una amiga al juzgado para que traten de evitar que el ex marido la mate y ver cómo le dicen que trate de no “darle motivos” al tipo. Tengo que cerrar los ojos y acordarme de todos los hombres y mujeres que me dijeron puta y loca, de cuánto odiaba a lgun@s de ell@s y de cuánto quería a otr@s, y de las circunstancias en que pasó eso. Tengo que ir a un hospital y oír cómo me hablan ” a ver maaaaadrrrrre”. Tengo que mirar para abajo y notar que el hecho de que no me veo como me veía a los 17 me duele.

Tengo que leer un diario: Abusada, maltratada, violada, quemada con ácido, muere en noche de bodas niña de 8 años, secuestrada, traficada, prostituida, pornificada, anorexia, dietas, la liberación es miley cyrus, baile del caño, se lo busca por puta, aborta= asesina, no aborta= se llena de hijos= hay que castrarla, la mata el novio el marido el ex marido la mata y después se mata él. 

Tengo que leer o escuchar los comentarios de mis compatriotas sobre cualquier noticia: algo habrá hecho es que esa es brava es una puta es una trepadora flor de víbora se hace la mosquita muerta esas son las peores bien que ella le dio pie bueno ahora que no se queje a todas les gusta hay mujeres que son mas machistas que los hombres las mujeres son las peores andá a saber cómo llegó hasta ahí, arrodillándose seguro es una loca esa es flor de puta cómo engordó esa tipa algo le pasa.

Tengo que admitir que no me animo a hablar de muchísimas cosas (aunque parezca que sí) porque me da miedo las consecuencias que pueda tener. Tengo que hacerme a la idea de que las personas a las que me voy a enfrentar no están en mi misma situación. No cargan con este peso, propio y ajeno, (porque esas personas no cargan con nadie más que con sus propios privilegios y sus propias agendas), no sienten ningún dolor, hablan porque les es fácil.

Son como drones. 

Resulta que me acabo de dar cuenta que peleo, peleamos, contra drones y que además lo hacemos desde la vulnerabilidad más total que viene con ser el orejón más último del último de todos los tarros.

Y así y todo, no puedo ni quiero hacer otra cosa. Porque está demasiado mal, hace demasiado tiempo y realmente quiero, realmente quiero, que ni mis hijas, ni las hijas de las otras yo que andan por ahí tengan jamás que andar escribiendo esta porquería o viviendo esta farsa, solo porque la realidad es demasiado, demasiado repugnante como para soportarla sin querer romper todo y hacer otra cosa.

Imagen

“Aborto” por Andrea Dworkin

abortion-rights-demonstration-1973

[…]

Norman Mailer declaró durante los años sesenta que el problema de la revolución sexual era que había llegado a manos de las personas equivocadas. Tenía razón. Había llegado a las manos de los hombres.

La idea pop era que coger era bueno, tan bueno que cuanto más hubiera de eso, mejor. La idea pop era que la gente debería coger a quien quisiera: traducido para las chicas, esto quería decir que las chicas deberían querer ser cogidas–la mayor parte del tiempo que fuera humanamente posible. Para las mujeres, lamentablemente, todo el tiempo es humanamente posible con suficientes cambios de compañero. Los hombres sueñan con la frecuencia con relación a sus propios patrones de erección y eyaculación. Las mujeres fueron cogidas mucho más de lo que los hombres cogieron.

La filosofía de la revolución sexual es anterior a los años sesenta. Aparece en ideologías y movimientos de izquierda regularmente -en la mayoría de los países, a lo largo de distintos períodos, manifiesta en varias “tendencias” de izquierda. Los años sesenta en Estados Unidos, repetidos en distintas tonalidades a lo largo de Europa Occidental, tuvieron un carácter particularmente democrático. No hacía falta leer a Wilhelm Reich, aunque hubo quien lo hizo. Una banda de desgraciados que odiaban hacer el amor estaban haciendo la guerra. Una banda de chicos que amaban las flores estaban haciendo el amor y negándose a hacer la guerra. Estos chicos eran maravillosos y bellos. Querían la paz. Hablaban de amor, amor y amor, no amor romántico, sino amor por la humanidad. Crecieron, se dejaron el pelo largo y se pintaron la cara y usaron ropa de colores y se arriesgaron a ser tratados como nenas.Al resistir ir a la guerra, eran cobardes y débiles y unas nenitas. No es raro que las chicas de los años sesenta pensaran que estos chicos eran sus amigos especiales, sus aliados especiales, amantes todos y cada uno de ellos.Las chicas eran idealistas. Odiaban la guerra de Vietnam y sus propias vidas, a diferencia de las de los chicos, no estaban en juego. Odiaban la intolerancia racial y sexual sufrida por las personas negras, en particular por los hombres que eran las figuras en situación de riesgo más visible. Las chicas no eran todas blancas, pero de todos modos el hombre negro era la figura de empatía, la figura que deseaban proteger de pogroms racistas.

La violación era vista como una táctica racial: no como algo real usado en un contexto racista para aislar y destruir hombres negros de maneras específicas y estratégicas, sino como un invento de la mente racista. Las chicas eran idealistas porque, a diferencia de los hombres, muchas de ellas habían sido violadas; su vida estaba en juego. Las chicas eran idealistas especialmente porque creían en la paz y la libertad tanto que hasta pensaron que también habían sido pensadas para ellas. Sabían que sus madres no eran libres–veían las vidas femeninas, pequeñas y restringidas – y no querían ser como sus madres. Aceptaban la definición de libertad sexual de los chicos porque eso, más allá de cualquier otra idea o práctica, las hacía diferentes a sus madres. Mientras que sus madres mantenían el sexo en secreto y en privado, con tanto miedo y vergüenza, las chicas proclamaban al sexo como su derecho, su placer y su libertad.Censuraban la estupidez de sus madres y se aliaban en términos declaradamente sexuales con los chicos de pelo largo que querían paz, libertad y coger por todas partes. Esta era una visión del mundo que sacaba a las chicas de los hogares en los que sus madres eran cautivas aburridas o autómatas y al mismo tiempo convertían a todo el mundo, potencialmente, en el mejor hogar posible. En otras palabras, las chicas no dejaron su hogar para encontrar aventuras sexuales en una jungla sexual: dejaron su hogar para encontrar un hogar más tibio, más grande, más abarcativo.

El radicalismo sexual fue definido según términos clásicamente masculinos: cantidad de compañeros, frecuencia, variedad (por ejemplo, sexo grupal), la voluntad de tener sexo. Todo debía ser esencialmente igual para chicos y chicas: dos, tres o la cantidad de personas en comunidad que fuera. Era esa disminución en la polaridad de género esencialmente lo que mantenía a las chicas en el trance, aun después de que la cogida revelara que los chicos eran hombres después de todo. Había sexo forzado – sucedía a menudo, pero el sueño continuaba vivo. El lesbianismo jamás fue aceptado como “hacer el amor” en sus propios términos sino más bien como una ocasión un poco pervertida para el voyeurismo masculino y la cogida eventual de dos mujeres mojadas; a pesar de eso, el sueño continuaba vivo. Se jugueteaba con la homosexualidad masculina, que era vagamente tolerada, pero despreciada en gran medida, y también temida, porque por más flores que adornaran a los hombres heterosexuales, ellos no podían soportar ser cogidos “como mujeres; pero, a pesar de eso, el sueño continuaba vivo. Y en la base del sueño, para las chicas, había un sueño empatía sexual y social que negaba las estructuras de género, un sueño de igualdad sexual basada en lo que hombres y mujeres tenían en común, eso que los adultos trataban de matar en ti a medida que te hacían crecer. Era un deseo de una comunidad sexual más como la infancia – antes de que las niñas fueran aplastadas y segregadas. Era un sueño de trascendencia sexual: trascender el mundo masculino-femenino absolutamente dicotomizado de los adultos que hacían la guerra y no el amor. Era – para las chicas – un sueño de ser menos femeninas en un mundo menos masculino; una erotización de la igualdad entre herman@s, no la dominación masculina tradicional.

Desearlo no hizo que sucediera. Actuar como si sucediera, no hizo que sucediera. Proponerlo de comunidad en comunidad, a hombre tras hombre, no hizo que sucediera. Hornear pan y manifestarse contra la guerra no hizo que sucediera. Las chicas de los sesentas vivieron en lo que los Marxistas llaman, aunque en este caso, no lo consideren así, una contradicción. Precisamente al tratar de erosionar los límites del género a través de un aparentemente único estándar de práctica de liberación sexual, participaron más y más en el acto más cosificador del género: coger. Los hombres se volvieron más masculinos, el mundo de la contracultura se volvió más agresivamente dominado por hombres- Las chicas se volvieron mujeres – se encontraron poseídas por un hombre o un hombre y sus amigos (en el lenguaje de la contracultura, sus hermanos – de él y de ella también), intercambiadas, violadas en grupo, coleccionadas, colectivizadas, cosificadas, convertidas en la cosa más hot de la pornografía y socialmente re-segregadas en roles tradicionalmente femeninos. Hablando empíricamente, la liberación sexual fue practicada por mujeres en una amplia escala en los años sesenta y no funcionó: es decir, no liberó a las mujeres. Su propósito – así resultó – fue liberar a los hombres para usar a las mujeres sin restricciones burguesas, y en eso sí fue exitosa. Una consecuencia para las mujeres fue una intensificación de la experiencia de ser sexualmente femenina – el exacto opuesto de lo que aquellas chicas idealistas habían imaginado para sí. Al experimentar una amplia variedad de hombres en una amplia variedad de circunstancias, las mujeres que no eran prostitutas descubrieron la naturaleza impersonal- y determinada por la clase- de su función sexual. Descubrieron la total irrelevancia de sus propias sensibilidades sexuales en términos individuales, estéticos, éticos o políticos (sensibilidades que fueran caracterizadas por hombres como femeninas, o burguesas, o puritanas) mientras los hombres la practicaban. El estándar sexual era la cogida de hombre a mujer y la mujer servía a ese estándar, pero ese estándar no servía a la mujer.

En el movimiento de liberación sexual de los sesentas, en su ideología y práctica, ni la fuerza ni el estatus subordinado de la mujer era un tema a considerar. Se dio por descontado que -libre de represiones – todo el mundo quería coito todo el tiempo (los hombres, por supuesto, tenían otras cosas importantes que hacer, las mujeres no tenían razón legítima alguna para no querer ser cogidas) y se dio por sentado que en las mujeres, la aversión al coito, o no llegar al clímax en el coito, o no querer el coito en un momento dado o con un hombre en particular, o querer menos compañeros de los que había disponibles, o cansarse, o estar enojadas, eran signos y evidencias de represión sexual. Coger per se era libertad per se.

Cuando aparecía la violación – obvia, clara y brutal violación – era ignorada, a menudo por razones políticas si el violador era negro y la mujer blanca. Curiosamente, en una violación construida racialmente, era probable que se la considerara violación, aunque en definitiva fuera ignorada. Cuando un hombre blanco violaba a una mujer blanca, no había vocabulario para describirla. Era un suceso que tenía lugar por fuera del discurso político de la generación en cuestión y por lo tanto, no existía. Cuando una mujer negra era violada por un hombre blanco, el grado de reconocimiento dependía del estado de las alianzas entre hombres blancos y negros en el terreno social del que se tratara: según, en algún momento dado,estuvieran compartiendo mujeres o teniendo luchas territoriales por ellas. Una mujer negra violada por un hombre negro tenía la carga agregada y especial de no arriesgar perjudicar a su propia raza, particularmente en peligro por acusaciones de violación, por llamar la atención a cualquiera de estas brutalidades cometidas en su contra. Las golpizas y el coito forzado eran habituales en la contracultura. Aun más común era la coerción social y económica sobre las mujeres para tener sexo con hombres. Y aun así, no se reconocía la existencia de antagonismo alguno entre la fuerza sexual y la libertad sexual: una no excluía a la otra. Estaba implícita la convicción de que la fuerza no sería necesaria si las mujeres no fueran reprimidas; las mujeres querrían coger y no necesitarían ser forzadas a coger; de tal modo que era la represión y no la fuerza, lo que obstaculizaba la libertad.

La ideología de la liberación sexual, ya sea la pop o la más tradicional intelectual de izquierda, no criticaba, analizaba ni repudiaba el sexo forzado, ni exigía el cese de la subordinación social y sexual de las mujeres por parte de los hombres; ninguna de estas realidades se reconocían. Por el contrario, postulaba que la libertad para las mujeres consistía en ser más cogida, más seguido, por más hombres, una especie de movilidad lateral en la misma esfera inferior. Ninguna persona fue hecha responsable por actos sexuales forzados, violaciones, golpizas a mujeres, salvo que se culpara a las mujeres mismas – en general por no haber conformado en primer lugar. Estas eran, principalmente, mujeres que querían conformar – que querían la tierra prometida de la libertad sexual – y que aun así tenían límites, preferencias, gustos, deseos de intimidad con algunos hombres y no con otros, humores no necesariamente relacionados con la menstruación o las fases lunares, días en los que preferirían leer o trabajar, y eran castigadas por todas estas represiones puritanas, estas recaídas pequeño burguesas, estos diminutos ejercicios de voluntades aun más diminutas, que no estaban de acuerdo con las voluntades de sus hermanos-amantes: la fuerza era usada frecuentemente contra ellas, o eran amenazadas, o humilladas, o expulsadas. En el uso de la coerción para conseguir la conformidad sexual no se veía implícita ninguna disminución del flower power, la paz, la libertad, la corrección política o la justicia.

En el jardín de delicias terrenales conocido como la contracultura de los años sesenta, el embarazo irrumpía, casi siempre de manera agresiva, y aun en ese entonces era uno de los obstáculos reales para coger mujeres a demanda masculina. Volvía a las mujeres ambivalentes, reticentes, preocupadas, molestas, inclusive las impulsaba a decir “no”. A lo largo de los sesentas, la píldora anticonceptiva no era fácil de conseguir y ninguna otra cosa era segura. Las mujeres solteras tenían aun más problemas para acceder a métodos anticonceptivos, incluyendo el diafragma y el aborto era ilegal y peligroso. El miedo al embarazo daba una razón para decir que no: no solo una excusa sino una razón concreta difícil de disuadir o seducir para que desaparezca, aun con el argumento más astuto o deslumbrante por en nombre de la libertad sexual. Especialmente difíciles de influenciar eran aquellas mujeres que ya había tenido abortos ilegales.

Pensaran lo que pensaran sobre coger, lo experimentaran como lo experimentaran, les gustara lo que les gustara, lo toleraran lo que lo toleraran, sabían que para ellas tenía consecuencias de dolor y sangre y sabían que no tenía costo alguno para los hombres, salvo a veces, dinero. El embarazo era una realidad material y no se podía argumentar hasta hacerla desaparecer.

Una táctica usada para contrarrestar la inmensa ansiedad causada por la posibilidad de un embarazo era la alta estima en la que se tenía a las mujeres “naturales” – las mujeres que eran “naturales” en todo sentido, las que querían cogidas orgánicas (sin anticoncepción, no importa cuantos embarazos resultaran) y verduras orgánicas también. Otra táctica era hacer hincapié en la crianza comunal de los niños, prometerla. Las mujeres no eran castigadas de las formas convencionales por tener a los niños – no se las etiquetaba como “malas” ni se las esquivaba, pero eran frecuentemente abandonadas. Una mujer y su hij@ – pobre y casi una relativamente descastada- vagando por ahí dentro de la contracultura alteraba la calidad del hedonismo en las comunidades que invadía: el par madre-hijo encarnaba otra cepa de la realidad, una que no era muy bienvenida en general. Había mujeres solas luchando para criar hijos “libremente” y se interponían en el camino de los hombres que veían la libertad como la cogida – y la cogida se terminó para los hombres cuando se terminó. Esta mujeres con hijos hacían que las otras mujeres estuvieran un poco más sombrías, un poco más preocupadas, un poco más cuidadosas. El embarazo, el hecho del embarazo, era antiafrodisíaco. El embarazo, la carga del embarazo, hacía más difícil que los chicos de las flores se cogieran a las chicas de las flores, que no querían desgarrarse las entrañas ni pagarle a alguien para que lo hiciera, ni tampoco querían morir.

Fue el freno que el embarazo puso a la cogida que hizo del aborto un asunto político de alta prioridad para los hombres en los años 60 – no solo para los hombres jóvenes, sino también para los izquierdistas más viejos que ligaban algo de sexo de la contracultura y aun para hombres más tradicionales que cada tanto mojaban los pies en la piscina de las chicas hippies. La despenalización del aborto – porque ese era el objetivo político, era visto como el estímulo final: haría que las mujeres fueran absolutamente accesibles, absolutamente “libres”. La revolución sexual, para poder funcionar, requería que el aborto estuviera disponible a demanda para las mujeres. De otro modo, la cogida no estaría disponible a demanda para los hombres. Estaba en juego el ligar. No solo ligar, sino ligar de la manera en que grandes cantidades de chicos y hombres querían ligar – montones de chicas que lo deseaban todo el tiempo, fuera del matrimonio, gratis. La izquierda dominada por hombres agitaba y luchaba y argumentaba y hasta organizaba y apoyaba económica y políticamente los derechos abortivos de las mujeres. La izquierda militaba por el tema. Y luego, al final de los años sesenta, las mujeres que habían sido radicales en términos contraculturales, las mujeres que habían sido activas política y sexualmente, se volvieron radicales en nuevos términos: se hicieron feministas. No eran las amas de casa de Betty Friedan. Habían luchado en las calles contra la guerra de Viet Nam, algunas tenían edad como para haber peleado en el Sur por derechos civiles para los negros, y todo se había vuelto adulto sobre el lomo de esa lucha, y dios sabe que habían sido cogidas. Como escribió Marge Piercy en 1969 en una denuncia sobre sexo y política en la contracultura

Dar existencia a personal a través de la cogida es solamente la forma extrema de lo que sucede como práctica común en muchos lugares. Un hombre puede traer una mujer a una organización por dormir con ella y retirarla al dejar de hacerlo. un hombre puede purgar a una mujer por la única razón de que se cansó de ella, la embarazó o está atrás de alguien más: y esa purga se acepta sin levantar ninguna ola. Hay casos de mujeres excluidas de un grupo por la única razón de que uno de sus líderes fue impotente al estar con ella. Si un “líder” entra a un grupo lleno de “líderes” acompañado por una mujer y no la presenta, es extremadamente poco probable que nadie le pregunte el nombre o reconozca su presencia. La etiqueta que domina es la de “amo-sirviente” 5

O, como escribió Robin Morgan en 1970: “Hemos conocido al enemigo y es nuestro amigo. Y es peligroso”  6  Reconociendo el sexo forzado presente de modo tan feroz en la contracultura en el lenguaje de la contracultura, Morgan escribió: “Duele entender que en Woodstock o Altamont una mujer pueda ser declarada una estrecha o mala onda si no quiere ser violada”. 7 Estos fueron los comienzos: reconocer que los hermanos-amantes eran explotadores sexuales tan cínicos como cualquier otro explotador – ordenaban y menospreciaban y descartaban a las mujeres, las usaban para obtener y consolidar poder, las usaban por sexo y para trabajos de poca categoría, las usaban. Reconocer que la violación era un tema de absoluta indiferencia para estos hermanos-amantes que lo tomaban en cualquier forma en que pudieran conseguirlo, y reconocer que todo el trabajo por la justicia había sido hecho sobre las espaldas de mujeres explotadas sexualmente dentro del movimiento. “Pero seguramente”, escribe Morgan en 1968, “hasta un hombre reaccionario sobre este asunto puede darse cuenta que es realmente impactante oir a un joven “revolucionario” – supuestamente dedicado a construir un nuevo, libre, orden social para remplazar este, tan enviciado bajo el que vivimos –  se dé vuelta y sin pensarlo un segundo, le ordene a “su chica” que se calle y haga la cena o lave sus medias, porque ahora está hablando EL. nos hemos acostumbrado a esas actitudes por parte del patán norteamericano promedio, ¿pero de este valiente radical?8

Fue el crudo y terrible descubrimiento de que el sexo no era hermano-hermana sino amo-sierva; que este nuevo valiente radical no quería solamente ser amo en su hogar sino pasha en su harén – lo que fue explosivo. Las mujeres se encendieron al descubrir que habían sido sexualmente usadas. Yendo más allá de la agenda masculina sobre liberación sexual, estas mujeres discutieron sobre sexo y política entre ellas – algo que no se había hecho ni aun cuando compartían la misma cama con el mismo hombre – y descubrieron que sus experiencias habían sido asombrosamente parecidas, incluyendo desde sexo forzado a humillación sexual a abandono a manipulación cínica, habiendo sido tratado como inferiores y como pedazos de culo. y los hombres se habían atrincherado en el sexo como poder: querían a las mujeres para la cogida, no para la revolución: estas dos resultaron ser diferentes después de todo. Los hombres se negaron a cambiar, pero, lo que es mucho más importante, odiaron a las mujeres por negarse a servirlos bajo los términos anteriores – ahí estaba, para quien quisiera verlo, exactamente como lo que era. Las mujeres dejaron a los hombres – en manadas. Las mujeres formaron un movimiento autónomo de mujeres, un movimiento feminista militante, para luchar contra la crueldad sexual que habían experimentado y para luchar por la justicia sexual que se les había negado. desde su propia experiencia – especialmente al ser forzadas e intercambiadas – las mujeres encontraron la primer premisa para su movimiento político: que la libertad para las mujeres descansaba en, y no podía existir sin, su absoluto control sobre su propio cuerpo en el sexo y la reproducción.

Esto incluía, no solamente el derecho a interrumpir un embarazo, sino también el derecho a no tener sex, a decir que no, a no ser cogida. Para las mujeres, esto llevó a varios grados de descubrimiento sexual sobre la naturaleza y la política de su propio deseo sexual, pero para los hombres fue un callejón sin salida – la mayoría jamás reconoció al feminismo salvo en términos de su propia depravación sexual; las feministas les estaban quitando la cogida fácil. Hicieron todo lo que pudieron para quebrar la espalda del movimiento feminista – y de hecho no se han detenido aun. De particular importancia es el cambio de idea y de políticas sobre aborto. El derecho al aborto definido como una parte intrínseca de la revolución sexual era esencial para ellos: ¿quién podría soportar el horror y la crueldad y la estupidez del aborto ilegal? El derecho a abortar definido como una parte intrínseca del derecho de una mujer a controlar su propio cuerpo, también en el sexo, era un tema de suprema indiferencia.

Los recursos materiales se agotaron. Las feministas dieron la batalla por la despenalización del aborto – en las calles y en los juzgados con apoyo masculino severamente disminuido. En 1973 la Suprema Corte dio a las mujeres el aborto legalizado: el aborto regulado por el Estado.

Si antes de la decisión de la Suprema Corte en 1973 los hombres de izquierda mostraban una indiferencia feroz a los derechos al aborto en términos feministas, luego de 1973 la indiferencia se transformó en hostilidad abierta, las feministas tenían el derecho al aborto y seguían diciendo que no- no al sexo en términos masculino y no a la política dominada por esos mismos hombres. El aborto legalizado no puso a estas mujeres más disponibles para el sexo; por el contrario, el movimiento de mujeres crecía en tamaño e importancia y el privilegio sexual masculino estaba siendo desafiado con mayor intensidad, mayor compromiso, mayor ambición.

El hombre de izquierda se alejó del activismo político: sin la cogida fácil, no estaban preparados para involucrarse en política radical. En terapia descubrieron que habían tenido personalidad en el vientre materno, que habían sufrido traumas en el vientre materno. La psicología fetal – seguir la vida de un hombre hasta su origen en el vientre, donde, como feto, tenía un ser y una sicología propios – fue desarrollada desde la izquierda terapéutica (el residuo resultante de la izquierda masculina y contracultural) antes que desde el púlpito de cualquier religioso de derecha o legislador surgiera la idea de tomar partido políticamente sobre el derecho de ovarios fertilizados como personas  a la protección de la Catorceava Enmienda, que es en definitiva el objetivo de los activistas anti-aborto.*

El argumento de que el aborto era una forma de genocidio dirigida particularmente hacia los negros ganó terreno político, aunque las feministas desde siempre basaron parte del argumento feminista sobre el tema en hechos reales y cifras – las mujeres negras e hispánicas morían y eran dañadas de manera desproporcionada en los abortos ilegales.

Ya en 1970, estas cifras estaban disponibles en Sisterhood Is Powerful: ” Las mujeres puertorriqueñas mueren 4.7 veces más que las mujeres blancas por consecuencias de abortos ilegales, mientras que las mujeres negras mueren 8 veces más que las blancas… En la ciudad de Nueva York, 80% de las mujeres que mueren por abortos son negras y mestizas” 9

Y en la izquierda no violenta, el aborto era cada vez más considerado como asesinato – asesinato en los términos más grandilocuentes. “El aborto es la cara doméstica de la carrera armamentista nuclear” 10 escribe un hombre pacifista en un texto de 1980, para nada extraño en la escala y tono de la acusación. Sin la cogida fácil, las cosas seguro habían cambiado del lado izquierdo.

El Partido Demócrata. hogar establecido de muchos grupos de Izquierda, especialmente luego del fermento de los 60s, había entregado los derechos al aborto ya en 1972, cuando George McGovern compitió contra Richard  Nixon y se negó a tomar posición a favor del aborto para poder pelear contra la guerra de VietNam y por la presidencia sin distracciones. Cuando la enmienda Hyde, recortando la financiación de Medicaid para abortos, fue aprobada en 1976, tenía el apoyo de Jesse Jackson: mandó telegramas a todos los miembros del Congreso apoyando el recorte. Los recursos presentados demoraron la implementación de la enmienda, pero Jimmy Carter, elegido con la ayuda de grupos feministas y de izquierda en el Partido Demócrata, tenía a su hombre, Joseph A. Califano, Jr, responsable del entonces Departamento de Salud, Educación y Bienestar, para detener la financiación federal del aborto mediante una orden administrativa. Para 1977 la primera muerte documentada de una mujer pobre (hispánica) por un aborto ilegal aparecía: el aborto ilegal y muerte eran nuevamente realidades para las mujeres en los Estados Unidos. Delante de las llamadas enmienda de la vida humana y estatuto de la vida humana – una enmienda constitucional y un proyecto de ley definiendo un ovario fertilizado como ser humano –  la izquierda masculina simplemente se hizo la muertita.

La Izquierda masculina abandonó los derechos al aborto por razones genuinamente horribles: los chicos no conseguían ponerla, había amargura e ira contra las feministas por liquidar un movimiento (al retirarse de él) que implicaba tanto poder como sexo para los hombres; además de la conocida y monstruosa indiferencia del explotador sexual – si no se la puede voltear, ella no es real.

La esperanza de la Izquierda masculina es que la pérdida de los derechos al aborto lleve a las mujeres nuevamente a las filas – hasta el miedo a perder estos derechos puede lograr eso, y la Izquierda masculina ha hecho lo que ha podido para asegurar la pérdida. La Izquierda ha creado un vacío que la Derecha ha intentado llenar con su expansión – esto lo hizo la izquierda abandonando una causa justa, con su década de quietismo, con su década de mohínes. Pero la izquierda no ha sido solamente una ausencia,ha sido una presencia, enfurecida con el hecho de que las mujeres controlen sus cuerpos, enfurecida con el hecho de que las mujeres se organicen contra la explotación sexual, que por definición, significa que las mujeres se organicen también contra los valores sexuales de la Izquierda. Cuando las feministas han perdido el aborto legal completamente, los hombres de izquierda las esperan de regreso – rogando por ayuda, adecuadamente escarmentadas, prontas para hacer un trato, prontas para abrir las piernas nuevamente. En la izquierda, las mujeres tendrán aborto en términos masculinos, como parte de la liberación sexual, o no tendrán abortos, salvo arriesgando morir.

Y los chicos de los años sesenta crecieron también. De hecho envejecieron. Ahora son hombres en la vida, no solo en la cogida. Quieren bebés. El embarazo obligatorio es medio que la única manera en que puede asegurarse de conseguirlos.

Del libro “MUJERES DE DERECHA”

Copyright © 1983 por Andrea Dworkin.

Todos los derechos reservados.