no hay remate

hoy, 3 de junio, sí, #NiUnaMenos, qué bien, en fin, en una nueva (?) discusión de gente asustada porque la nueva agenda de derechos impulsada por Rockefeller, fabiana goyeneche y emaguátson logró imponer alguna medida o pedido de medida o mínima accioncita testimonial y casi costo cero que igual no sirve de mucho así que bien podríamos haber seguido como si nada, del mismo modo que no saltamos a gritar cada vez que vemos que bajan 10 tipos de una camioneta en una avenida a plantar cuatrocientas macetitas de mierda con unos plantines que duran dos semanas así que a las dos semanas zas, tienen que ir otra vez en lugar de comprar alguna planta que dure un poco y capaz hasta que sirva para algo en vez de esa porquería que solo se explica si resultara que el vivero donde compran los plantines es del hermano de alguien que cumple funciones en alguna parte, y no salimos a gritar porque ya sabemos que convivimos en un lugar de mucho maquillaje y de mucho remiendo y lo atamo con alambre y medidas con buena intención capaz pero mucha torpeza y eso PERO esto es diferente y esta vez no podemos seguir como si nada porque la medidita menor de la semana definitivamente evidencia que la Cheka de la corrección política va a conquistar el mundo, robarse los bebés y confiscar el whisky del planeta y cómo vamos a hacer sin nuestras putas me querés decir y en cualquier momento nos sacan las bolsas negras y dónde las vamos a tirar cuando les metamos catorce puñaladas porque estábamos tristes y enceguecidos de celos y amor, que al fin y al cabo son caras de lo mismo, leí a uno que preguntó dónde quedaba su derecho a ser facho, machista y reaccionario.
no hay remate.
es así.
y esos son los buenos. son los que tocan en las bandas que te gustan, los que escriben en los diarios que te gustan. no son los giles. no son los malos.
los tipos piensan que tienen derecho a pensar que somos basura.
ya no es que piensan que tienen razón y que somos basura o ya no importa, así que hay que dejar de intentar mostrarles que no somos basura, que somos gente, que en serio, si se ponen un poco las pilas con eso de la empatía van a ver que tá, que no somos tan horribles, porque no da que nos maten y eso. no importa.
piensan que es un derecho odiarnos.
piensan que hay un derecho a ser facho, machista y reaccionario.
así de corta.
¿sabés como suena adentro de la cabeza de ellos?
así.
“yo tengo derecho a pensar que sos inferior porque sos mujer”.
eso tienen en la cabeza.
no hay remate.
 
machismo es eso.
pretender que no lo hagan, que dejen de pensar que tienen derecho a detestarnos, o que si están decididos a hacerlo, al menos se alejen de nosotras y se nos hagan cada vez menos necesarios, o que nos dejen dejarlos parece bastante, bastante ingenuo.
 
desafiliate antes que te mate.

24 horas

Ayer estuvo medio fulero en la trincherita posmo de la interné. Me pasó un poco como Sendic: medio la cago y medio me odian. (si no sos de Uruguay, GIYF porque a las de acá ya nos tiene repasadas el temita)
La parte del “la cago” es larga porque llevo 38 añitos bien moviditos de este lado del Más Acá y el que tiene boca, se equivoca, como dicen las viejas. La parte del “me odian” es como inexplicablemente enorme para el grado de inofensividad que represento, pero ya ves que así somos, patoteros, crucificadores, injustos. Pero como toda pérdida libera, dicen, y todas las patadas en el orto al menos empujan pa’lante, también esta mierda tiene su lado bueno. Sirve para priorizar y para tomar coraje.

 

Sí, soy una feminista rabiosa pero no soy el Dalai Lama ni vengo de Krypton e hice (y alguna a veces todavía hago) muchas de las cosas que digo que las mujeres hacemos aunque no nos convienen y que nos vendría súper bien no hacer más o empezar a desaprender. Ser feminista me sirve justamente para curarme, y si me habrá curado, que ayer, en medio de la hoguera, me di cuenta que cuando la gente habla de la felicidad, habla de lo que tengo yo en casa.

 

Si me habrá curado el feminismo, si me habrán curado las feministas radicales, abolicionistas, lesbianas (las que leí de lejos y las que abrazo de cerca, en medio de todo el circo y propaganda, papelitos!coreo!divinas!) que después de media vida de guasca y llanto y promesas (no lo digo como algo bueno, las promesas rotas no son lindas) y locura y maltrato y mentiras (enormes, mentiras que no podés creer que un tipo diga solamente para ponerla un rato, a modo de ejemplo te digo: uno me hizo creer que tenía cáncer durante un año), una mujer tan rara, tan insoportablemente bocotas que al mismo tiempo tiene la vergüenza de un pibe al que le presentan seis tías gordas que le preguntan si tiene novia y si quiere más a mamá que a papá, para las cosas más tontas, más fáciles, más “normales” de la vida, (hablar con vendedores en tiendas u empleados en oficinas – hablo bajito, nunca me oyen-, reclamar que algo que me vendieron está mal, contestar a un elogio, ir al médico, dar un examen oral aunque sepa el programa de memoria, leer una puteada que alguien que no me conoce me dedica desde el altillo de la casa de su vieja a kilómetros de mí), una tipa tan chiquitita cuando se asusta y tan desmedida todo el tiempo que cómo alguien va a suponer que adentro de todo ese volcán hay este osogommi, una mujer tan incapaz de saber cuándo no puede más, tan desconfiada y tan ilusa todo junto, alguien tan rota como yo, tan la cita esa de frida kahlo, tan remendada, tan autoremendada con emparches, después de tanto todo y tantos tanto, siga parada acá, latiendo y pensando y haciendo y cambiando y conociendo tantas cosas y entendiendo cada vez más cosas y por primera vez lo que quiere decir la gente cuando habla de la felicidad y del amor.

 

Yo creía que eran los chispazos esos, las polaroids que sacás de micromomentos donde te parece que entendés todo y que todo es amor. Los Instantecitos. Y que si juntás muchos instantecitos, sos más feliz que la gente que tiene menos instantecitos. Y aunque no lograba conciliarlo con la idea “infantil” según me han dicho, de “Hollywood”, que se nota que tenía del amor (y que era probable porque yo también vi las de princesas y Pretty Woman, esos infames instrumentos de control mediante los cuales nos convencen de que amor es comprarte y no conocerte pero “saber” que sos suya y que ser de otra gente es amor), no podía no saber que amor también era poner el cuerpo y poner la vida y poner el alma en ese altarcito de mierda que capaz más que altar era vidriera. O capaz guillotina.

Porque atrás de la adoración y el enamoramiento encandilado de los hombres que me conocieron y les dio por esa de encandilarse, atrás del altarcito, más de uno tenía un dungeon de sadomasoamor lleno de aparatitos que cuando te tocan, te sangran. Ni siquiera estoy hablando de los que no me quisieron. Porque bueno, ahora que tengo una vara más propia, más justa, más linda para medir, ahora que sé que del otro lado del amor no hay ni un tribunal de cuentas ni una mesa de examen ni una factura a pagar en cuotas de usura, entiendo que amor era otra cosa y que es posible para mí, y que no es ni un chantaje ni un favor y que era verdad que podía ser libre, o más libre dentro de la(s) jaula(s) grande(s) que compartimos.

Y entre la cantidad enorme de cosas que me dio el feminismo, (porque nosotras decimos que luchamos por la liberación de todas las mujeres y en “todas las mujeres” entramos nosotras, porque esta lucha no es un sacrificio de un par de iluminadas por mujeres abstractas como de estadística de documento de política pública, sino una lucha por cada una de nosotras y que pasa en cada una de nosotras, bien adentro de nuestras mentes y bien clarito en nuestros cuerpos), está el aprendizaje de que sí, muchísima gente no me va a entender, no me va a cuidar, no me va a querer, y eso ni me inhabilita  ni debería doler tanto, porque tengo todo el derecho del mundo a tener una opinión, a revisarla, a mejorarla, a discriminarla entre otras opiniones que no me sirven, sin lealtades de cartón y sin concesiones.

 

Sin culpas, que nada mejor para contrarrestar los efectos de la droga dura dios, de la droga dura familia, de la droga dura Patriarcado, que el Feminismo. Voy a decir cosas que no le van a gustar a mucha gente. Y en lugar de responder a lo que digo, van a responder a lo que soy. Van a hablar de con quién me acuesto, de si mi tono es demasiado cínico, de si debería ser más amable y tolerante, de todo lo que dice mi prontuario, y yo me voy a tentar a contestar, a mostrar que es mentira lo que dicen para herirnos y callarnos, a defenderme. Pero estoy aprendiendo que no vale la pena. Y que tengo derecho a desafiliarme de las crucifixiones del Régimen del Feminismo de la Aceptabilidad. No tengo por qué esperar aterrada a que aprueben o desaprueben lo que digo. Yo no escribo para todo el mundo. Ya no escribo para machistas ilustrados y #HoeniriasLasFurias. Ya no escribo para Feministas Splenda de la Igualdad Empoderante.  Yo escribo para mí, y para alguna otra persona más extraña del mundo que anda seguramente por ahí, no para los Inquisidores. No soy un 24horas, no soy una carmelita descalza, no es un apostolado, no es un deber.

 

Ayer entendí eso. Me enseñaron eso. A prepo, como me han enseñado TODO lo que no aprendí de las feministas que respeto. No, decir que sos feminista no te hará feminista. El feministómetro, sí, cómo no, siempre llevo uno encima -sin culpas-  porque está lleno de chantas y también de mujeres con muy buena intención que han intentado informarse y aprender y han tenido la desgracia de leer primero a las personas que desvirtúan la lucha feminista en pos de famita y buena conciencia y lamento mucho que les guste decir que es soberbia pero no lo es.

 

El feminismo es un camino de ida, pero puede ser tranquilamente un camino de ida a la misma mierda si empezamos a hacer de cuenta que todo da lo mismo. Ponerle rosado a un cartel no lo hace feminista. Hacer un monólogo de humor donde hablás de lo lindo que sería tener una pija para juguetear con ella no te hace feminista. (por gratitud, por sororidad, por timidez, no se lo dije en su momento a una mujer que tuvo un muy lindo gesto conmigo, pero alguien que no tiene ni gratitud ni sororidad, se lo dijo en medio de un enchastre anti-todo, y la mujer del lindo gesto que tiene buena voluntad y quiere ser feminista, pero a veces le sale más o menos, se sintió tan herida que en vez de pensar si no será verdad que capaz hay que revisar un poco la idea que tenemos de feminismo, sumó unos tronquitos a aquello que a esa altura ya era full Juana de Arco). Atacar feministas por cosas que otros tipos les han hecho no te hace feminista.

 

Y yo voy a reservarme el derecho de decirlo cada vez que se me dé la gana, que para eso TAMBIÉN está el feminismo. Para poder abrir la boca. Sabiendo, ahora que me lo enseñaron ayer, que cada vez que abrimos la boca, si no decimos “ay pero qué rico todo”, nos van a querer dar un cachetazo, los machistas y sobre todo sus colaboracionistas ( que por algún motivo, se sobre esmeran a la hora de quemar mujeres). Será así entonces. Siempre es mejor sabe que no saber.

 

Si no puedo hablar, no es mi revolución.

La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

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Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

vivafeminismo1936

 

 

 

 

 

 

CheLa Guevara

Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

Lo bueno de las preguntas es que siempre hay más para hacer así que, visto así, como contribución a la búsqueda permanente, valen todas. Hoy leí una pregunta. Creo que era una pregunta. Ya saben, a veces parecen preguntas y no son, y a veces parecen una nadita y resulta que había una pregunta ahí tintineando como loca.

 

Creo que hoy leí que alguien preguntaba “por qué no avanzar en defensa de los derechos de las mujeres sin necesidad de esperar que renazca un Che Guevara versión femenina y lidere la madre de todas las revoluciones, que arrancará de cuajo todas las injusticias”.
Un Che Guevara versión femenina. Qué buena pregunta.Femenina no sé, porque femenino es más bien la construcción de la femineidad que sabemos que no refiere a nada, así que más que un che guevara con voladitos, una especie de Fabián Gianola del Che, esto se trataría más bien de un Che Guevara mujer, la CheLa Guevara.
Bueno, no.
femaleche
Tampoco.*
No veo tampoco en ningún lado la necesidad de esperar a ninguna CheLa Guevara. Justamente, estoy diciendo lo contrario. Que zafemos un poco del CheGuevarismo (estamos usando la marca “che” irónicamente un poco, no? ah ta), que hagamos esta otra cosa que no se hace con Ches Guevaras porque las mujeres no son “ches guevaras” (aun las recontra luchadoras, las heroínas, las mejores, las que decís “pero será posible que se haya muerto esta tipa y ahora qué mierda se hace me querés decir sí ya sé que nunca la vi pero la leí o la conocí o me enteré y me cambió todo”, esas tampoco son “cheGuevaras” porque la cosntrucción del mito/motivador/leyenda/referente/memorialoquesea de los Che Guevaras es intrínsecamente macho, machista y masculinista. Otro para la Bolten, salud y revolución y las mujeres a fregar para él también. No zafa ninguno, no sé para qué nos fijamos.

 

Justamente, digo que capaz en vez de dedicarnos a la revoluciónCheGuevaresca, arranquemos por otro lado. A nosotras nos caga siempre y además, en sí, a ella misma, a la revolución esa, la cagan a cada rato, cada vez que tienen una chance y tienen una chance onda una vez cada ciento y pico de años así que no da para andar errándole tanto, van y la cagan.

Y después vienen las contrarevoluciones, “los embates de las derechas” y esas cosas que les encanta decir y ahí las que siempre nos comemos una más, una doble, una peor, somos nosotras. Cada vez que algo que lideran los varones de izquierda fracasa (históricamente desoyendo o directamente ignorando a las mujeres de esos colectivos) , quienes más pierden como en todo, son quienes más tienen para perder.

 

Y entre ricos y pobres son los pobres (esa la sabemos todos porque es nuestra lucha “común”) y por eso cuando un malabortado con seis gramos de poder toma una decisión fachita de esas que siempre dan plata en un país de mierda cualquiera, como este, como todos, quienes más pagan los platos más rotos son quienes menos platos tienen, aunque los otros hayan perdido más cantidad de platos, porque si tenés un millón podés darte el lujo de perder quinientosmil y te juro que la llevás pero si tenés siete y perdés una gotita se te terminó la vida.

 

Y acá es lo mismo. Cada vez que las izquierdas porque no sé cómo mierda se llaman ahora los CheGuevaristas porque ya fue todo, operan y actúan y hacen y deshacen, si les sale mal (les está saliendo horrible en lo que importa, en el cheguevarismo, ponele, en la izquierdidad) las mujeres de los de ellos la vamos a pasar peor que ellos. De modo que cada vez que toman decisiones a lo cheguevaraloco nos cagan más la vida a nosotras. Con eso con lo que no tenemos nada que ver porque los que saben, los líderes, los ches, son tipos.
Y bueno, no tenemos donde decirles que así chicos, no está saliendo. O sea, supongo que saben que no estamos “tipo haciendo la revolución”, no? y nos gustaría decirles que entre otras cosas también bastante, mucho, tanto que vale la pena aunque sea probar y darle pelota que mirá si es nomás y vamos algún pasito de mierda para adelante y no como enfermos en la carrera demente lemmingera que es este sistema de mierda, es porque no nos dejan hacer, no nos dejan existir.

 

Nos tienen colaborando (colaborando es una palabra de mierda porque las mujeres metemos lomo, es verdad lo de las leonas, es verdad que aguantamos lo que no sabemos que es posible aguantar porque no sabemos que existe hasta que nos fracturó la frente y nos cayó encima y acá estamos, así que más que colaborando sería dejando la vida ahí pero tá) por “la causa común” la que no nos divide, la que nos une, ahí, a los dos juntitos, nos une a nosotras con la suela de ustedes aplastándonos la boca, y es difícil militar por nuestra causa común mientras tragamos cachos de tierra y pastito que traen pegados en el taco, escupiendo un poco)

 

Así que fijate, justamente yo no estoy diciendo que estaría bueno IMITAR el Cheguevarismo en versión femenina. Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, una piba con la remera de Greenpeace entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

 

Si agregamos una comisión de género, ponele. Un segmento del programa. Una mención antes de ir a la tanda. Una columna mensual. Un micro con las partes más importantes. Un lugar en la lista. Un asiento en la Comisión. Una cuota de mierda. ¿Eso arregla la cosa? ¿Eso arregló la cosa? ¿Eso alguna vez arreglará la cosa? Y bueno, la cosa de verdad, la enorme, la que está en la raiz no. Cierto.
Pero lo que pasa es que la que está en la raíz no la queremos atender. A algunos, a los que decidimos, a las que no nos animamos a mandar a los que decidimos a la mierda (los que decidimos en este nosotras tan amplio son los tipos), no nos gusta tratar el tema que está a la raíz.

Porque a la raíz del tema está que el HombreNuevo así como lo tienen armado para nosotras es el mismo pedazo de mierda inservible y asesino que ustedes creen que era el Hombre Viejo que este hermoso CheGuevarismo combatió, combate y combatirá, para no ganarle nunca, porque la revolución será feminista, o no será.
8 de Marzo013
No sé quiénes son Las Mantys pero tienen razón.
  • No sé tampoco quién puso a LizHurley (parece, no?) como CheLa pero no está mal de casting.

Irrompible

Estoy rota.

Sí.

Capaz.

Un poco.

Muchos muchos.

Capaz.

Pero no estoy vacía.


No desaparecí.

No estoy desperdiciada.

No soy – no es –

un desperdicio.

No estoy vacía.

Lo que haya

lo que quede

lo que sea que soy

todavía late

a veces hasta me parece

que brilla un poco

que lo veo

que se ve ahí

brillando

que rompe los ojos

de todos los mundos.

Y es con eso

con lo que brilla

con lo que queda

con lo que no está roto

con lo que nace

y sigue naciendo

Es con lo irrompible

que te busco

que te miro

que te amo.

brokenbutterfly

Andrea Dworkin para hombres: Una tregua de 24 horas

Este texto es parte del libro CARTAS DESDE UNA ZONA DE GUERRA (Letters from a War Zone) de Andrea Dworkin. 

Esta es una charla que tuvo lugar en la Conferencia Regional de Medio-Oeste de la Organización Nacional para Cambiar a los Hombres (National Organization for Changing Men) en otoño de 1983 en St Paul, Minnesota. Una de las personas de la organización me dio la grabación y transcripción de mi charla. La revista del movimiento masculino M la publicó. yo enseñaba en Minneapolis. Esto fue antes de que Catharine MacKinnon y yo hubiéramos propuesto o desarrollado el enfoque de derechos civiles hacia la pornografía como estrategia legislativa. Muchas personas que estaban entre el público luego fueron muy importantes en la lucha por el proyecto de ley de derechos civiles. Yo no los conocía en ese entonces. El público consistió en alrededor de 500 hombres, con algunas mujeres. Hablé usando mis notas y en realidad iba de camino a Idaho–un viaje de 8 horas ida y otras ocho de vuelta (gracias a pésimas conexiones aéreas) para dar una charla de una hora sobre Arte; salir el sábado, volver el domingo, solo puedo hablar una hora o pierdo el único vuelo de vuelta que hay en el día, debo correr desde el podio al auto para hacer el viaje de dos horas hasta el aeropuerto. ¿Por qué habría una militante feminista bajo esta enorme presión parar en el camino para decirle “hola” a 500 hombres? De alguna manera, era un sueño hecho realidad. ¿Qué le dirías a 500 hombres si pudieras? esto es lo que yo dije, así es como usé mi oportunidad. Los hombres reaccionaron con amor y apoyo considerables. También con ira considerable. Las dos. Me fui rápido para tomar el avión para ir a Idaho. solo uno de los 500 hombres me amenazó físicamente. Lo detuvo una mujer guardaespaldas (y amiga) que me acompañaba.

He pensado mucho sobre cómo una feminista, como yo, puede dirigirse a un público compuesto mayoritariamente de hombres politizados que dicen ser anti-sexistas. Y pensé mucho sobre si debería haber una diferencia cualitativa en el tipo de discurso que les dirija a ustedes. Y me di cuenta que era incapaz de simular que creo que exista esa diferencia cualitativa. He observado los movimientos de hombres por muchos años. Tengo contacto con algunas de las personas que participan de esos movimientos. No puedo venir acá como una amiga, aunque quisiera con todas mis fuerzas. Lo que quisiera hacer es gritar: y en ese grito tendría los gritos de las violadas, y el sollozo de las golpeadas, y peor aun, en el centro mismo de ese grito, tendría el ensordecedor sonido del silencio de las mujeres, ese silencio en el que nacemos, porque somos mujeres, y en el que muchas morimos.

Y si hubiera un ruego, una pregunta o un pedido humano en ese grito, sería el siguiente: ¿Por qué tan lento? ¿Por qué tan lentos para entender las cosas más sencillas, no las cosas complicadas ideológicamente. Ésas las entienden. Las cosas simples. Los clichés. Simplemente que las mujeres son humanas exactamente en la misma medida y de la misma forma que ustedes. Y también: que no tenemos tiempo. Nosotras, las mujeres. No tenemos “para siempre”. Algunas no tenemos otra semana, ni otro día para hacer tiempo para que ustedes discutan lo que sea que pueda permitirles salir afuera y hacer algo. Estamos muy cerca de la muerte. Todas las mujeres. Y estamos muy cerca de la violación y estamos muy cerca de los golpes. Y estamos dentro de un sistema de humillación del que no hay escape para nosotras. Usamos estadísticas, no para tratar de cuantificar las heridas, sino para convencer al mundo de que esas heridas existen. Esas estadísticas no son abstracciones. Es fácil decir “las estadísticas; unos las escriben para un lado y otros para el otro”. Es cierto. Pero oigo sobre las violaciones una por una, por una por una por una por una, que es precisamente como suceden. Esas estadísticas no son abstractas para mí. Cada tres minutos una mujer es violada. Cada dieciocho segundos una mujer es golpeada. no tiene nada de abstracto. Está pasando ahora, mientras yo estoy hablando.

Y está pasando por una razón sencilla. No tiene nada de complejo ni de difícil, esa razón. Los hombres lo están haciendo, por el tipo de poder que los hombres tienen sobre las mujeres. Ese poder es real, concreto, ejercido desde un cuerpo a otro cuerpo, ejercido por alguien que siente que tiene derecho a ejercerlo, a ejercerlo en público y en privado. Es la suma y la sustancia de la opresión de las mujeres.

No sucede a miles de kilómetros ni a cientos de kilómetros. Se hace aquí y se hace ahora y se hace a manos de las personas en esta habitación y a manos de otros: nuestros amigos, nuestros vecinos, las personas que conocemos. Las mujeres no tienen necesidad de ir a estudiar para aprender sobre el poder. Solo tenemos que ser mujeres, caminando por la calle o tratando de hacer las tareas de la casa, luego de haber entregado nuestro cuerpo en matrimonio y haber perdido todo derecho sobre él.

El poder ejercido por hombres día a día en la vida es poder institucionalizado. Está protegido por ley. Está protegido por la religión y las prácticas religiosas. Está protegido por las Universidades, bastiones de supremacía masculina. Está protegido por una fuerza policial. Está protegido por aquellos a quien Shelley llamó “los legisladores no reconocidos del mundo”: los poetas, los artistas. Contra ese poder, tenemos silencio.

Es una cosa extraordinaria intentar entender y afrontar el por qué de que los hombres crean – como creen – que tienen derecho a violar. Los hombres pueden no creerlo si se les pregunta al respecto. Levanten la mano si creen que tienen derecho a violar. No va a haber muchas manos levantadas. Es en la vida donde los hombres creen que tienen derecho a forzar sexo, que ellos no llaman con el nombre “violación”. Y es extraordinario intentar entender que los hombres de verdad creen que tienen derecho a golpear y lastimar. Y es igualmente extraordinario intentar entender que los hombres realmente creen que tienen derecho a comprar el cuerpo de una mujer con el propósito de tener sexo:que eso es un derecho. Y es muy asombroso intentar entender que los hombres creen que la industria de siete billones de dólares al año que provee al hombre sus conchas es algo a lo que los hombres tienen derecho. Eso es lo que significa la teoría sobre la supremacía masculina. Significa que podés violar. Significa que podés golpear. significa que podés herir. significa que podés comprar y vender mujeres. Significa que existe una clase de personas que existe para brindarte lo que necesites. Vos seguís más rico que ellas, de modo que tengan que venderte sexo. No solo en las esquinas, sino en los puestos de trabajo. Ese es otro derecho del que podés presumir: acceso sexual a cualquier mujer en tu mundo, cuando quieras.

Ahora, el movimiento masculino sugiere que los hombres no quieren ese poder que yo acabo de describir. De hecho, he oído oraciones enteras explícitamente diciendo eso. Y sin embargo, todo es una razón para no hacer algo tendiente a cambiar el hecho de que tienen ese poder.

Esconderse detrás de la culpa, esa es mi favorita. Me encanta esa. “Sí, es horrible y lo lamento tanto”. Vos tenés tiempo para sentirte culpable. Nosotras no tenemos tiempo para que te sientas culpable. Tu culpa es una forma de connivencia con lo que sigue sucediendo. Tu culpa ayuda a mantener las cosas como están. En los últimos tiempos escuché bastante sobre el sufrimiento de los hombres debido al sexismo. Claro que escuché bastante sobre el sufrimiento de los hombres durante toda mi vida. No hace falta aclarar que leí Hamlet, El Rey Lear. Soy una mujer educada. Sé que los hombres sufren. Este es un nuevo doblez. Implícita en la idea de que este es un tipo de sufrimiento diferente está la idea, creo, de que en parte la razón por la que de hecho ustedes sufren es por algo que saben que le sucede a otras personas. Eso sí sería una novedad.

Pero la mayoría de su culpa, su sufrimiento se reduce a “Uf, nos sentimos tan mal”. Todo hace que los hombres se sientan mal: lo que hacen, lo que no hacen, lo que desean hacer, lo que no desean hacer pero harán de todos modos. Creo que la mayor parte de su sufrimiento es “Uf, nos sentimos realmente muy mal”. Y lamento que se sientan tan mal – tan inútil y estúpidamente mal – porque de alguna manera esta sí es su tragedia. Y no lo digo porque no puedan llorar. Y no lo digo porque no existe la verdadera intimidad en sus vidas. Y no lo digo porque la armadura con la que tienen que vivir como hombres es embrutecedora, y no discuto que lo sea. Pero no lo digo por eso.

Lo digo porque existe una relación entre la forma en que las mujeres son violadas y su socialización para violar y la máquina de guerra que los muele y los escupe: la máquina de guerra por la que pasan ustedes es igual a esa picadora de carne por la que pasa la mujer que Larry Flynt puso en la portada de Hustler. Más les vale creer que ustedes tienen que ver en esta tragedia y que es su tragedia también. Porque son convertidos en pequeños soldaditos desde el día en que nacen y todo lo que aprenden sobre cómo evitar la humanidad de las mujeres se vuelve parte del militarismo del país en el que viven y del mundo en el que viven. También es parte de la economía contra la que tan frecuentemente protestan.

Y el problema es que creés que está ahí afuera. Y no está ahí afuera. Está en vos. Los proxenetas y los belicistas hablan por vos. La guerra y la violación no son tan diferentes. Y lo que hacen los proxenetas y los belicistas es que te hacen sentir tan orgulloso de ser hombres que pueden darle duro y darle fuerte. Y toman esa sexualidad aculturada y te ponen un uniforme y te mandan a matar y a morir. Ahora, no voy a sugerir que yo creo que es más importante eso que lo que ustedes le hacen a las mujeres, porque no lo creo.

Pero creo que si quieren ver lo que este sistema les hace, entonces ahí es donde deben empezar: la política sexual de la agresión, la política sexual del militarismo. Yo creo que los hombres tienen mucho miedo de los demás hombres. Esto es algo que ustedes a veces tratan en grupos pequeños, como si al cambiar las actitudes que tienen para con ustedes, no tendrían miedo uno del otro. Pero en la medida en que su sexualidad tenga que ver con agresión y su sentido de derecho a la humanidad tenga que ver con ser superior a otra gente, y haya tanto desprecio y hostilidad en sus actitudes para con mujeres y niño@s, ¿cómo podrían no tener miedo unos de otros? Creo que su percepción de que los hombres son peligrosos es correcta, porque lo son.

La solución del movimiento masculino de hacer que los hombres sean menos peligrosos para los otros hombres mediante cambiar la manera en que tocan o sienten a otros no es una solución; es una pausa recreativa.

Estas conferencias también tienen que ver con la homofobia. La homofobia es muy importante; es muy importante en lo concerniente a cómo funciona la supremacía masculina. En mi opinión, las prohibiciones contra la homosexualidad masculina existen para proteger el poder masculino. Hacéselo a ella. Es decir, mientras sean los hombres los que violen, es muy importante que se los dirija a violar mujeres. Mientras el sexo esté lleno de hostilidad y exprese tanto el poder sobre la otra persona, como el desprecio por la otra persona, es importantísimo que el hombre no sea des-clasado, estigmatizado como femenino, y usado de manera similar. El poder de los hombres como clase depende de mantener a los hombres sexualmente inviolados y a las mujeres sexualmente usadas por los hombres.

La homofobia ayuda a sostener ese poder de clase: también ayuda a mantenerlos a ustedes como individuos a salvo unos de otros, a salvo de la violación. Si quieren hacer algo contra la homofobia, van a tener que hacer algo al respecto del hecho de que los hombres violan, y que el sexo forzado no es incidental a la sexualidad masculina sino que en la práctica es paradigmático.

Algunos de ustedes están muy preocupados por el crecimiento de la derecha en este país, como si eso fuera algo separado de los asuntos feministas, o el movimiento masculino. Vi una caricatura que lo explica bastante bien. Era un dibujo de Ronald Reagan disfrazado de vaquero con un sombrero grande y un revólver. Decía “Un arma en cada funda, una embarazada en cada casa. Haz de Estados Unidos un hombre otra vez”. Esa es la política de la derecha.

Si tenés miedo sobre el crecimiento del fascismo en este país – y serías muy tonto si no lo tuvieras en este momento- entonces te conviene entender que la raíz de este asunto tiene que ver con la supremacía masculina y el control de las mujeres; el acceso sexual a las mujeres, las mujeres como esclavas reproductoras, las mujeres como propiedad privada. Ese es el programa de la derecha. esa es la moralidad de la que hablan. Eso es a lo que se refieren. Eso es lo que quieren. Y la única oposición a ellos que importa es la oposición a que los hombres sean dueños de las mujeres.

¿Qué implica hacer algo sobre todo esto? El movimiento masculino parece estar estancado en dos puntos. El primero es que los hombres realmente no se sienten muy bien consigo mismos. ¿Cómo podrían? El segundo es que los hombres se me acercan, a mí o a otras feministas y dicen: “Lo que ustedes dicen de los hombres no es cierto. En mi caso no es cierto. Yo no me siento así, yo estoy en contra de todo eso”.

Y yo digo: “No me digas a mí. Decíselo a los pornógrafos. Decíselo a los fiolos. Decíselo a los belicistas. Decíselo a los que hacen apología de la violación y los que celebran las violaciones y los ideólogos a favor de la violación. Decíselo a los novelistas que creen que la violación es maravillosa. Decíselo a Larry Flynt. Decíselo a Hugh Hefner. No tiene ningún sentido que me lo digas a mí. Yo soy solamente una mujer. No hay nada que yo pueda hacer al respecto. Estos hombres se jactan de hablar en tu nombre. Están ahí, públicamente diciendo que te representan. Si no es así, te conviene hacérselo saber.

Luego está el mundo privado de la misoginia:lo que saben sobre ustedes mismos, lo que dicen en la vida privada; la explotación que ven en la esfera privada, las relaciones llamadas “amor” basadas en la explotación. No es suficiente encontrarse con una feminista que anda de paso y decirle “Uff, odio todo esto”.

Decíselo a tus amigos que lo hacen. Y hay calles ahí afuera en las que podés decir estas cosas fuerte y claro, de modo de afectar las instituciones muy reales que sostienen estos abusos. ¿No te gusta la pornografía? Desearía poder creer que es cierto. Lo voy a creer cuando los vea en la calle. Lo voy a creer cuando vea oposición política organizada. Lo voy a creer cuando los fiolos se queden sin negocio porque ya no hay consumidores masculinos.

Ustedes quieren organizar hombres. No necesitan buscar los temas. Los temas son parte del tejido de sus vidas diarias.

Quiero hablar sobre equidad, lo que es y lo que significa. No es solo una idea. No es una palabra insípida que termina siendo puro verso. No tiene nada que ver con todas esas declaraciones, del tipo “Uy, pero eso también le pasa a los hombres”. Nombro un abuso y oigo “Uy, le pasa a los hombres también”. Esa no es la igualdad por la que luchamos. Podríamos cambiar la estrategia y decir “bueno, está bien, queremos igualdad: vamos a meterle algo en el culo a un hombre cada tres minutos”.

Nunca oyeron algo así del movimiento feminista, porque para nosotros la igualdad tiene importancia y dignidad reales- no es una palabra idiota que puede torcerse y hacer que se vea estúpida sin ningún significado real.

Como forma de practicar la igualdad, una idea vaga sobre entregar el poder es inútil. Algunos hombres tienen algunas nociones, vagos pensamientos sobre un futuro en el que los hombres van a entregar el poder o un hombre individual va a entregar algún tipo de privilegio de los que tiene. Eso tampoco es lo que significa igualdad.

La igualdad es una práctica. Es una acción. Es una forma de vivir. Es una práctica social. No puede existir en el vacío, aislada. No podés tenerla en tu casa si, cuando la gente sale de la casa, está en un mundo su supremacía basada en la existencia de su pija y ella está en un mundo de humillación y degradación porque se la percibe como inferior y porque su sexualidad es una maldición.

Esto no quiere decir que el intento de practicar la igualdad en el hogar no importa. Importa, pero no es suficiente. Si amás la igualdad, si creés en ella, si es la forma en la que querés vivir – no solo los hombres y mujeres juntos en una casa, sino los hombres y los hombres juntos en una casa, y las mujeres y las mujeres juntas en una casa – si la igualdad es lo que querés y lo que te importa, entonces tenés que luchar por las instituciones que la hagan socialmente real.

No es un tema de tu actitud. No podés pensarla y hacerla existir. No podés probar a veces, cuando funciona a tu favor, y tirarla a la basura el resto del tiempo. La igualdad es una disciplina. Es una manera de vivir. Es una necesidad política el crear igualdad en las instituciones. Y lo otro sobre la igualdad es que no puede coexistir con la violación. No puede. Y no puede coexistir con la pornografía o con la prostitución o con la degradación económica de la mujer a ningún nivel. No puede coexistir, porque en todas esas cosas está implícita la inferioridad de las mujeres.

Quiero ver a este movimiento masculino comprometerse a terminar con la violación porque ese es el único compromiso significativo hacia la igualdad. Es increíble que en todos nuestros mundos de feminismo y anti-sexismo nunca hablamos en serio sobre terminar con la violación. Terminarla. Detenerla, No más. No más violación. En el fondo de nuestra mente, ¿estamos aferrándonos a su condición de inevitable como la última reserva de lo biológico? ¿Creemos que siempre va a existir no importa lo que hagamos? Todas nuestras acciones políticas son mentiras si no nos comprometemos a terminar la práctica de la violación. Este compromiso tiene que ser político. Tiene que ser serio. Tiene que ser sistemático. Tiene que ser público. No puede ser autocomplaciente.

Las cosas que el movimiento masculino ha querido han sido cosas que vale la pena querer. Vale la pena tener intimidad. Vale la pena tener ternura. Vale la pena tener cooperación. Vale la pena tener una vida emocional real. Pero no las podés tener en un mundo con violación. Terminar con la homofobia vale la pena. Pero no lo podés hacer en un mundo con violación. La violación es un obstáculo para cada una de las cosas que decís querer. Y por violación saben a lo que me refiero. No hace falta que venga un juez acá y diga que de acuerdo al artículo tal y tal estos son los elementos probatorios. Estamos hablando de cualquier tipo de sexo forzado, inclusive sexo forzado debido a la pobreza.

No podés tener igualdad ni ternura ni intimidad mientras siga habiendo violación, porque violación quiere decir terror. Quiere decir que parte de la población vive en un estado de terror y finge – para agradarte y pacificarte – que no es así. Entonces no hay sinceridad. ¿Cómo podría haberla? ¿Podés imaginarte lo que es vivir como mujer día tras día con la amenaza de la violación? ¿O lo que es vivir con esa realidad? Quiero verlos usar esos cuerpos legendarios y esa fuerza legendaria y esa valentía legendaria y la ternura que dicen tener en nombre de las mujeres; y eso significa contra los violadores, contra los fiolos, contra los pornógrafos. Significa algo más que una simple renuncia personal. Significa un ataque sistemático, político, activo y público. Y no ha habido mucho de eso.

Vine hoy porque no creo que la violación sea inevitable ni natural. Si lo hiciera, no tendría motivo para estar acá. Si lo hiciera, mi práctica política sería diferente de lo que es. ¿Alguna vez se preguntaron porque no estamos simplemente en combate armado contra ustedes? No es porque haya escasez de cuchillos de cocina en el país. Es porque creemos en su humanidad, contra toda la evidencia.

No queremos hacer el trabajo de ayudarlos a creer en su propia humanidad. No podemos hacerlo más. Siempre lo hemos intentado. Hemos recibido como pago explotación sistemática y abuso sistemático. Van a tener que hacer esto ustedes mismos de ahora en adelante y ustedes lo saben.

La vergüenza de los hombres frente a las mujeres es, creo, una respuesta apropiada tanto para lo que los hombres sí hacen como para lo que no hacen. Yo creo que deberían sentir vergüenza. Pero lo que hacen con esa vergüenza es usarla como excusa para seguir haciendo lo que quieran y seguir sin hacer ninguna otra cosa. Y tienen que parar. Tienen que parar. Su psicología no importa. Cuánto les duele no importa más que cuánto nos duele a nosotras. Si nos sentáramos y únicamente habláramos sobre cuánto nos duele la violación, ¿creen que hubiera habido uno solo de los cambios que han visto en este país en los últimos quince años? No hubiera pasado. Es cierto que tenemos que hablar entre nosotras. Si no, ¿cómo íbamos a descubrir que cada una de nosotras no es la única mujer en el mundo que no se lo estaba buscando  y que igual sufrió violación o maltrato? No podíamos enterarnos por la prensa en ese entonces. No podíamos leer al respecto. Pero ahora lo saben, ustedes lo saben y la pregunta es qué van a hacer; y por ende, su vergüenza y su culpa no son el tema de esto. No nos importan para nada. No alcanzan. No hacen nada.

Como feminista, llevo conmigo la violación de todas las mujeres con las que he hablado en los últimos diez años. Como mujer, llevo mi propia violación conmigo. ¿Vieron esos cuadros de ciudades europeas durante la peste, con carros que pasaban y la gente salía y tiraba los cadáveres en el carro? Bueno, así es saber sobre violaciones. Pilas y pilas y pilas de cuerpos que tienen vidas enteras y nombres humanos y rostros humanos.

Hablo por muchas feministas, no solamente por mí cuando les digo que estoy cansada de lo que sé y triste más allá de las palabras sobre lo que se le ha hecho a las mujeres hasta ahora, hasta ahora, a las 2:24pm de este día, acá en este lugar.

Y quiero un día de descanso, un día libre, un día en que no se apilen nuevos cuerpos, un día en que no se agregue nueva agonía a la vieja y les pido a ustedes que me lo den. ¿Cómo puedo pedirles menos que eso? Es algo tan pequeño. Aun en las guerras hay días de tregua. Vayan y organicen una tregua. Paren de su lado por un día. Quiero una tregua de 24 horas en las que no haya violación.

Los desafío a que lo intenten. Les exijo que lo intenten. No me molesta rogarles que lo intenten. ¿Qué otra cosa podrían estar haciendo acá? ¿Qué otra cosa puede significar este movimiento? ¿Qué otra cosa podría importar tanto?

Y ese día, el día de la tregua, ese día en que ninguna mujer sea violada, empezaremos la verdadera práctica de la igualdad, porque no podemos empezarla antes de ese día. Antes de ese día no quiere decir nada porque no es nada; no es real, no es cierta. Pero ese día se hace real. Y entonces, en lugar de violación, por primera vez en nuestras vidas – hombres y mujeres- experimentaremos libertad.

Si tienen una noción de libertad que incluye la existencia de la violación, están equivocados. No pueden cambiar lo que dicen querer cambiar. Yo quiero experimentar solo un día de verdadera libertad antes de morir. Los dejo para que hagan eso por mí y por las mujeres que dicen amar.


“Quiero una tregua de 24 horas en las que no haya violación”,” publicada originalmente con el título “Hablando a hombres sobre violación”,” en Out!, Vol. 2, No. 6, abril 1984; luego bajo este título en M., No. 13, Fall 1984. Copyright © 1984 por Andrea Dworkin. Todos los derechos reservados.

Traducción: Lenina D’Aca.